
Se escribe mucha filosofía sobre televisión, sobre su verdadero objetivo y lo que debería ofrecer. Cuando éramos pequeños (y nuestra inocencia grande) nos calaron hondo ciertas premisas referidas a que el contenido televisivo debía informar y educar. Pasado el tiempo, el valor del entretenimiento se ha encumbrado por encima de los demás e incluso algunos se atreverían a decir que conceptos como el morbo o el amarillismo son los verdaderos reyes.
Pero todavía hoy hay programas que nacen con un deseo de enseñar al espectador, de ofrecerle un enriquecimiento personal que puedan aplicar a otros aspectos de su vida. Por supuesto, no dejan de lado el entretenimiento y cuidan sus estructuras y su aspecto visual como cualquier hijo de vecino. Pero tienen ese halo romántico y como de siglo pasado, ese deseo de que tras su visionado, hayamos aprendido algo, y por eso merecen un post.







Este próximo viernes finaliza en Cuatro el programa ¡Qué desperdicio! y deja el hueco libre para una nueva temporada de Supernanny, que llegará a partir del día 19 de octubre. Está tercera entrega tendrá pocas novedades respecto a las dos anteriores: nuevo grafismo y nueva cabecera. Por lo demás, la psicóloga Rocío Ramos-Paúl seguirá ayudando a diferentes padres que no pueden lidiar con sus hijos pequeños.
Raquel Sánchez Silva presentará en Cuatro un programa para educar sobre algún aspecto de la vida cotidiana. No, no es
A Cuatro parece que le gusta enseñar al espectador como hacer las cosas bien. Primero se encargó de las mujeres con problemas en La Casa de Cristal, siguió enseñando a los padres a cuidar a sus hijos pequeños con la exitosa Supernanny, más tarde nos enseñó a comer con Soy lo que como, también nos dio lecciones de como tratar a los adolescentes en SOS Adolescentes y, recientemente, como una mujer puede sentirse guapa con su cuerpo sin recurrir a la cirugía con Desnudas. 




