
Pues sí, como más de uno adivinasteis la semana pasada, cerramos hoy el círculo de la vida nocturna hablando de Pepe Navarro, algo que no me produce ya ni la tristeza que invertí en Sardà ni la diversión que me proporciona Buenafuente. Lo mío con Navarro es desgana, para qué nos vamos a engañar, pero por alguna razón que se me escapa este ser vivo es un animal televisivo capaz de transformar todo lo que le rodea en un espectáculo, de modo que hoy vamos a encargarnos de él, aunque seguramente más de uno pensará que no es necesario.
Y a Pepe Navarro lo ubico yo en cuatro registros diferentes: el de la radio, que nunca tuve ocasión de conocer de cerca, el de presentador de informativos y magazines que vimos a mediados de los ochenta en TVE, la bestia del entretenimiento nocturno que casi todos tenemos en la cabeza cuando hablamos de este ser… y el protagonista de un culebrón personal de la prensa rosa al que intentaré no referirme… y a ver si lo consigo.

Llevo viendo ‘Satruday Night Live‘ desde que se estrenó hace ya más de un mes semana tras semana, y ayer fue el único día que cogí el programa con menos ganas, y creo la culpa de esto fue toda del invitado que traían, Pepe Navarro, comunicador que ha hecho mucho en la televisión nacional y al que no tengo ninguna simpatía, más bien todo lo contrario. Y eso mismo parece que fue lo que le pasó a mucha gente, ya que el programa bajó tres puntos de share (tuvo un 7,7%) de golpe y sin ninguna explicación aparente más que la elección de host.
Quién le iba a decir a él que la marcha de Buenafuente a La Sexta iba a disparar su caché y a convertirlo en el presentador más deseado del late night. 




