
Hay una larga lista de razones por las que envidiamos la ficción extranjera. No podemos ocultar nuestras ganas de que quisiéramos que aquí las cosas fueran diferentes y si tenemos que mirar a un modelo de referencia todos sabemos que ése se encuentra en Estados Unidos. Aunque no lo parezca allí también prima la audiencia por encima de todo, pero las cadenas americanas tratan a sus ficciones televisivas con mucho más cuidado, algo que los espectadores lo acaban agradeciendo. En España lo que menos importa son los espectadores, o al menos eso es lo que tenemos que deducir después de cambios en la parrilla, modificaciones en los horarios e improvisaciones en la emisión de una serie.
Éste último es otro de los motivos por los que nos toca quejarnos de nuestra ficción. Si en Estados Unidos la programación de las series se conoce con meses de antelación, aquí podemos estar a una semana del estreno de una serie sin que los espectadores lo sepan. Pero hay algo más. Se trata de las ocasiones en las que una serie está en emisión y las cadenas juegan con su programación, no solo cambiándola de día para buscar el favor de la audiencia, sino provocando parones sobre la marcha que hacen que una serie desaparezca y aparezca de una semana a otra.














