Skins (USA)

Cuando alguien está enamorado de una serie, la adaptación para otro país rara vez le gustará. Da igual que sea buena, mala, una obra de arte o el trozo de bazofia más grande jamás creado, su opinión siempre estará condicionada por la comparación con la original. Un ejemplo claro ha sido ‘Shameless‘, una serie que, mientras los que no hemos visto la serie británica nos deshacemos en piropos hacia la adaptación, los que llevan ocho temporadas junto a los Gallagher se han quedado más bien tibios. Y algo parecido ha pasado con la versión americana de ‘Skins‘.

Ojo, que quede claro que todavía no he oído a nadie alabar a la versión yankee de los adolescentes más gamberros, pero estoy seguro de que el hecho de ser más conocida entre la comunidad seriéfila ha motivado aún más las malas críticas, casi lapidarias, que ha recibido. Pero yo al ver la serie he intentado olvidarme de que se trata de una adaptación, valorándola como una idea original, y me he encontrado con un producto correcto y medianamente entretenido que, en los diez capítulos que ha durado, ha sabido mantener mi atención. Ya es más de lo que esperaba en un principio. (A continuación también hacemos referencias a la primera temporada de la ‘Skins’ británica; si no has visto la serie original, lee sólo bajo tu responsabilidad)

Una serie similar con diferencias notables

Cuando se hace una adaptación, ¿prefieres un piloto calcado o una reformulación completa? Yo no me planteo nunca este tipo de cuestiones, pero alguno sí lo hacen y la mayoría no logra ponerse de acuerdo. ‘Skins‘ (US) tenía que volver a presentar a los personajes de la primera generación británica, para muchos la única y la mejor (para mí, muy sobrevalorada), y antes del comienzo quedaba la duda de si harían un “copia y pega” o se atreverían a crear nuevos personajes. Y en realidad hicieron ambas cosas.

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