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(ver enlace al final del artículo)
El pasado fin de semana estuve rondando por el IV Festival de Series organizado por Canal + en Madrid. Dentro del marco del festival, del que mi apañero David Pastrana ha hecho una crónica repasando lo más destacado, tuvo lugar una mesa redonda titulada “Series en el entorno de la televisión conectada”.

¿Y ezo quéh lo que eh? Ese es el tema, que hoy en día aún no lo tenemos muy claro, pero los participantes de esta charla hablaron principalmente de cómo internet ha afectado al mercado y la industria televisivos. Jose María Álvarez Mozoncillo (catedrático de Comunicación Audiovisual en la URJC), Gonzalo Martín (Vicepresidente de Arenas Entertainment), Marina Such (vice-reina de las series :D), Jorge Gallardo (Espejo Público) y Marilín Gonzalo (editora de contenidos de Hipertextual) aportaron sus diferentes puntos de vista con ayuda de Pablo Romero (director de contenidos de Canal+ Yomvi), que ejercía de moderador.

El taller no fue todo lo interesante que podría haber sido. Primero, el apretado calendario no dejó el tiempo necesario para que la cosa acabase de arrancar. Y segundo, porque realmente no se generó un debate. Cada ponente exponía ideas con mucho potencial pero raramente había una réplica o un diálogo fluido que las desarrollara.

Con todo, sí se pusieron sobre la mesa temas interesantes sobre los que me gustaría reflexionar aquí y dar mi punto de vista con la intención de debatir con vosotros lo que allí no se pudo.

Internet: un elefante en una cacharrería

Lo decía Mozoncillo en su introducción: no se pueden poner puertas al campo. Hace unos años el mercado internacional del entretenimiento era una urbanización de casitas con sus parcelitas cucas y delimitadas. Las ventanas de explotación de los productos audiovisuales funcionaban correcta y ordenadamente. Distribuidores, productores, exhibidores y demás habitantes de villaentretenimiento regaban sus hermosos jardincitos.

Después de arremeter contra la industria musical, el huracán Internet llegó a villaentretenimiento y urbanizaciones adyacentes, volviendo el mercado internacional patas arriba, revolucionando las formas de acceder a los productos, pulverizando toda barrera geográfica y conectando al consumidor con una red de usuarios global e inmediata.

Ante esta tesitura se encuentra ahora mismo el mercado internacional, que poco a poco intenta adaptarse a los cambios. Se habló de Netflix y Hulu y cómo a la larga todavía no han resultado ser la gran revolución que se esperaba de ellas. Marina afirmaba que el verdadero cambio lo iban a marcar éstas plataformas digitales con la producción de contenidos propios y tengo que estar de acuerdo.

Aunque ya se haya generado contenido exclusivo para su distribución a través de la red, hasta ahora los objetivos han sido principalmente publicitarios y de imagen de marca. La industria aún no ha averiguado ese modelo necesario para sacar rentabilidad de internet y es esa monetización de los contenidos es la que va a marcar la diferencia.

Netflix tiene en la manga un par de producciones propias, pero personalmente estoy convencida de que éste movimiento aún sigue esa pauta marketiniana, y se han lanzado a la producción de contenido para ganar notoriedad y de paso, testar su funcionamiento de cara a la atracción de nuevos suscriptores con ese contenido exclusivo como reclamo. Cuando esa migración del espectador hacia los contenidos exclusivos de la web sea notable, será cuando se produzca el cambio.

Mozoncillo afirmaba algo que me viene al pelo para cerrar esta reflexión y es que él estaba convencido de que el futuro de todo esto pasa por un incremento brutal de la inversión, impulsado por la creciente demanda provocada por las nuevas ventanas de explotación. Esperemos que así sea.

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La globalización de contenidos

Otro tema que mencionó Pablo Romero pero que no se desarrolló fue el escabroso asunto de la globalización de contenidos. Recordaba que las cadenas de pago en España habían identificado la demanda de inmediatez en los estrenos, y ahora la emisión de las series en versión original subtitulada al día siguiente de su estreno en EEUU es muy habitual.

Sin embargo, creo que el debate realmente debería estar más relacionado con el título del taller (y del post): la televisión conectada. ¿Cuántas veces habremos mencionado la soñada y aún utópica televisión a la carta? El triunfo de la descarga de series no sólo es un tema de inmediatez sino que está más ligado a la capacidad del espectador de consumir ficción televisiva dónde y cuándo quiera, sin estar sujeto a unos horarios ni a una ventana concreta.

La globalización de los contenidos es un asunto escabroso. Muchos tachan de sinsentido la geolimitación en los tiempos que corren. Sin embargo, la ruptura que está provocando la red de estas barreras, es en parte lo que está dificultando que internet e industria del entretenimiento lleguen a un estado simbiótico. Los mercados internos de cada país están en juego y ahí está el quid de la cuestión.

Amén de que en el fondo comprendo que es algo que quieran evitar: la existencia de mercados definidos distribuidos por el globo favorece que el dinerito fresco esté siempre en movimiento. El verdadero problema son los marcos legales de cada mercado, que ante toda esta perspectiva de globalización, conectividad y digitalización de contenidos toman más una actitud proteccionista que de abrazar el cambio.

El miedo y el proteccionismo

Ya conocéis las intentonas fallidas de Netflix de entrar en España, cuyas barreras legales impedían ofrecer su servicio en las condiciones deseadas. Hemos visto nacer y fracasar plataformas similares como Youzee, Voddler o Wuaki, que se han topado con las incoherentes condiciones de las distribuidoras, que aún siguen temblando de miedo en un rincón ante la sombra acechante de internet. Es eso o la ceguera, que ya oímos a Gonzalez Macho diciendo que internet no es el presente.

China es otro ejemplo. Mercado potentísimo, con un margen de beneficio potencial brutal y unas medidas proteccionistas a juego. Cuando se siente amenazada, le da por establecer apagones internacionales temporales, impidiendo todo estreno no nacional. A parte de unos honorarios nada desdeñables, sólo pueden estrenarse 20 títulos extranjeros. Claro, Hollywood le busca las vueltas a todo y lleva meses jugando al juego de las co-producciones (Ej: ¿Por qué creéis que la moza que se revuelca con Bruce Willis en ‘Looper’ es china?, juego que ya empieza a mosquear al país.

Internet y la digitalización dan miedo. Tiró por la borda la industria discográfica, ahora le está tocando al cine y la televisión y empieza a rozar significativamente al mercado editorial. Lo triste es que la primera respuesta sea dar la espalda y esperar a ver qué pasa. Pero soy optimista, poco a poco vemos el cambio.

En la charla también se habló del espectador pasivo, de que la espontaneidad salvará la televisión, de cómo las redes sociales han afectado al watercooler effect, de cómo afecta de verdad el fandom seriéfilo a la televisión o de ciertos populismos seriéfilos que poco tenían que ver con el tema en aquel momento. Pero como da para explayarme, todo esto lo dejo todo para un futuro artículo.

En ¡Vaya Tele! | El estado de la televisión basada en internet

En YouTube | The Growth of the Connected Television (interesante estudio de Nielsen. Datos, datos y datos. En USA, claro)

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