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El anuncio de una segunda película de Expediente X, con estreno previsto para el mes de julio, ha vuelto a poner de actualidad esta serie que, durante bastante tiempo, fue el título de ciencia ficción más longevo en emisión en EE.UU. (Stargate SG-1 superó ese récord en su última temporada), todo un fenómeno social a mediados de los 90 y una serie de culto en toda regla.

Su encanto, y su interés, residía en la mezcla de géneros, algo muy común en estos últimos años, pero no tanto en 1993. Su creador, Chris Carter, tomó unas gotas de las series policíacas de siempre, unas pizcas de las películas políticas de los 70 (como Todos los hombres del presidente) y otro poco de las viejas cintas de ciencia ficción de serie B de los 50. Al frente de todo colocó a dos agentes del FBI (puesto de moda desde El silencio de los corderos) que le dieron una vuelta de tuerca a la tensión sexual no resuelta que tan bien había desarrollado Luz de luna, y los envolvió en una siniestra conspiración que llegaba a las más altas instancias del Capitolio. Pero el éxito no estaba asegurado y, de hecho, se hizo de rogar.

FOX no tenía mucha confianza en su estreno, demasiado marciano para lo que se estilaba a principios de los 90, así que lo programó después de su gran apuesta para ese otoño, Las aventuras de Brisco County. El western con toques de ciencia ficción protagonizado por Bruce Campbell pinchó, y las reposiciones veraniegas empezaron a cimentar el éxito que Expediente X disfrutaría después, y que la llevaría a aguantar en antena 9 temporadas, sobreviviendo a duras penas en la última a la marcha de David Duchovny. Telecinco, por cierto, ni siquiera emitió en abierto en España las dos temporadas finales, y eso que fue uno de sus más grandes éxitos.

Para mí, el mejor momento de Expediente X llega hasta la cuarta temporada (la quinta tiene sus puntos, también). A partir de ese momento, la gran conspiración que vertebra toda la serie se complica tanto, que es imposible que consigan finalizar la serie de manera satisfactoria. El que había sido el fuerte de las primeras temporadas, lo que la diferenciaba de otros títulos similares, se convierte en uno de sus puntos débiles, del mismo modo que, aunque Doggett y Reyes hacían buena pareja, la serie siempre fue sobre Mulder y Scully. Personalmente, a mí siempre me gustaron más los episodios sueltos, ésos en los que, además de extraterrestres, había fantasmas vengativos, vampiros, hombres lobo y uno de los psicópatas mutantes más logrados, y malvados, de la televisión estadounidense; Eugene Tooms.

El último capítulo, sin ser del todo satisfactorio, por lo menos sí nos da una explicación para gran parte de la mitología de Expediente X. Terminamos sabiendo quién está detrás de la conspiración y cuál es su objetivo, aparecen casi todos los personajes más o menos regulares de la serie a lo largo de sus 9 temporadas y se deja un cabo suelto que concierne directamente a Mulder y Scully. Lástima que, según Chris Carter, la película no retome la trama en ese punto, aunque sí hace referencia a todo el tiempo que ha pasado desde entonces.

En ¡Vaya Tele! | La larga sombra de Expediente X

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