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El rey analiza los logros y dificultades de España en una entrevista exclusiva con TVE

  • Hay ocasiones en las que uno se acerca a un espacio de televisión aún sabiendo que no le va a gustar nada lo que va a encontrar en él. Pese a este sentimiento, es difícil resistirse a la tentación y terminamos convirtiéndonos en parte de su audiencia aunque sepamos de antemano que el resultado del visionado nos llenará de furia como espectador. Algo así es lo que ocurrió anoche con la entrevista a Juan Carlos I, un programa que La 1 vendió como un hecho insólito y un acontecimiento histórico incluso antes de que se emitiera.

    Es cierto que leyendo los rumores por internet y teniendo muy presente el giro que ha dado Televisión Española en los últimos meses, poco podíamos esperar de esta entrevista, que se convirtió en una conversación pactada entre Jesús Hermida y el monarca, donde cualquier esencia de periodismo quedaba eliminada a conciencia. No hubo referencias concretas a la actualidad y no se habló de los asuntos que muchos espectadores querían conocer. Y, llegados a este punto, solo me puedo preguntar una cosa: ¿Es esta la televisión pública que queremos? O, mejor dicho, ¿es esta la televisión pública que merecemos?

    Porque lo de anoche se convirtió en un intento de lavado de imagen de la casa real, que no pasa por su mejor momento, de cara a la audiencia, olvidando por completo el compromiso que esta televisión debe tener con sus espectadores y convirtiendo su entrevista en una prolongación del mensaje real de Nochebuena. En la entrevista se trataron temas generales en los que se alzó la imagen del monarca. No digo que no sean asuntos a tratar en una entrevista, pero desde luego no debería estar por encima de otros aspectos que se olvidaron por completo en el espacio.

    La entrevista, por supuesto en diferido y con algún corte de montaje de más, se convirtió en una conversación de unos veinte minutos donde Jesús Hermida no fue el entrevistador que muchos habríamos deseado que se convirtiera. Y, como era de esperar en estos tiempos, los espectadores encontraron en Twitter una vez más el desahogo perfecto para descargar su furia, donde se podían leer multitud de comentarios que mostraban su enfado ante tal descarada pantomima.

    La entrevista al rey, aún así, lideró en audiencia, superando con creces los dos millones y medio de espectadores en una noche en la que la mayoría de la audiencia no se suele congregar delante de la televisión. Al espacio le siguió un reportaje, ‘La noche del rey’, donde multitud de caras conocidas analizaban la figura del monarca durante sus años de mandato, un espacio que cumplió con su objetivo: el de poner la guinda a una noche en la que La 1 se olvidó del servicio público para ponerse al servicio de vuestra majestad.

    En ¡Vaya tele! | Lo peor de 2012

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