
Las risas enlatadas pueden considerarse un engaño, un artificio sonoro introducido en la postproducción de una serie o programa de televisión, que intenta avisar al “tonto” espectador de cuándo ha acabado un chiste, así como de la intensidad y la forma en que debe soltar su carcajada. Hay algunos escépticos que incluso ven conspiraciones en estas risas grabadas, interpretándolas como mensajes subliminales que intentan inducir al espectador la forma en que se debe percibir una determinada situación. Es una forma de verlo…
Por otro lado existe una minoría que considera a las risas enlatadas un recurso correcto, que enfatiza los momentos más divertidos de la escena y que ayuda al espectador a percibir esa situación como verdaderamente cómica.
Argumentos no faltan para ninguna de las dos posiciones, pero yo hoy me voy a convertir en abogado del diablo y os voy a exponer las razones por las que estoy a favor de las risas de fondo, ya sean enlatadas o de público real.


Todos conocemos su sonido. Durante años ha sido el fiel acompañante de muchas series (y también programas). Esas risas que completaban escenas (graciosas por sí mismas o pretendidamente graciosas sin más) no eran de verdad, y lo sabíamos. Se trataba únicamente de un efecto de sonido pregrabado que en la postproducción se añadía para dar más énfasis a la acción. Bueno, y quien dice risas dice aplausos o murmullos de admiración. Todo falso.


