
Que ‘Operación Triunfo’ cada año se está convirtiendo en el ‘Show de Risto’ no es ningún secreto, y tan sólo hay que ver cómo ha evolucionado el programa desde sus inicios en su etapa Telecinco hasta ahora para comprobarlo. El problema es que, con el programa de ayer, este ansia por crear una polémica innecesaria para el espectador pero polémica necesaria de cara a las cifras de audiencia ya ha sido totalmente exagerada.
No voy a entrar en las valoraciones que Risto hace de los concursantes, porque ya sabemos cuál es el estilo del publicista, pero sí me gustaría hablar de algo que ocurrió en la gala de ayer. Para comenzar, Risto hizo su habitual reivindicación, esta vez para que los cámaras del programa salieran en los créditos y también aprovechó para ajustar cuentas con un profesor de la academia que había sido poco respetuoso con los concursantes y su protegida de la anterior edición, Virginia. Pero la parte álgida de la emisión llegó cuando Risto llegó a acusar al jurado de salvar a un concursante de la nominación porque se lo habían ordenado vía pinganillo.







