Casi de casualidad nos hemos enterado de que este fin de semana se ha elegido a la nueva Miss España. El evento no ha tenido ni mucha promoción, ni mucha publicidad, ni mucho jolgorio glamouroso. La gala pudo ser vista en algunos canales autonómicos y locales, los programas del corazón han hecho una breve reseña con el nombre de la ganadora… y poco más. Todo esto me ha llevado a rememorar los tiempos en los que una gala doble retransmitida al más puro estilo eurovisivo nos hacía elucubrar sobre quien sería la guapa oficial del país.
Telecinco tuvo la idea. Me atrevería a decir que no podía haber sido otra cadena. En 1991, como aperitivo a los atracones que nos esperaban a base de eventos olímpicos y de la Expo de Sevilla, la cadena se lió la manta a la cabeza y decidió “inventar” una gala doble para retransmitir un concurso que se celebraba desde 1960. Todo se cuidó al máximo detalle: desfiles coreografiados, eliminatorias lacrimógenas, actuaciones musicales... La buena acogida por parte de la audiencia hizo que la cadena se diera cuenta de que podía convertir el concurso en un nuevo evento nacional, equiparable a las campanadas o a la final del Mundial de fútbol. Había descubierto un filón y no pensaba desaprovecharlo.





