
Anoche Telecinco emitió la segunda y última parte de ‘El pacto’ con unos resultados relevantes. Está visto que la combinación de problemas adolescentes, director reconocido (ésta es de Fernando Colomo), y el formato de fácil consumo como es la miniserie, son una buena combinación para la cadena. De hecho, el próximo fin de semana piensan repetir con ‘Inocentes’, una propuesta de la que no recuerdo noticia, cosa que le da alas a la teoría del filón. Eso sí, como todas las miniseries acaben como ‘El pacto’ van a terminar pronto con la gallina de los huevos de oro porque a mí me ha dejado una sensación contradictoria.
El primer episodio me pareció más que digno, bien llevado y con una estructura que, si bien se apoyaba en el irremediable gancho que se vería en la segunda parte, avanzaba con fluidez y contaba la historia sin demasiados altibajos. Más que destacable la actuación de las chicas, con Marina Salas a la cabeza, que hicieron que en una semana diferentes organizaciones exigieran la retirada de la producción aun sin saber cómo terminaba. Todo apuntaba que iba a haber un pacto de verdad, a que la ficción se estaba tomando en serio a sí misma y a que por fin nos estaban contando una historia superando el lastre del “basado en hechos reales”.




