Pesadilla en la cocina

Este pasado jueves regresó a laSexta ‘Pesadilla en la cocina’, un programa que con tan sólo una tanda de episodios ya se ha convertido en uno de los grandes emblemas de la cadena –sin llegar a los niveles de ‘Salvados’, eso sí-. Sin embargo, al final de su primera temporada ya se notaban ciertos síntomas de agotamiento en su fórmula, por lo que el descanso era imprescindible para no acabar saturando a sus seguidores. Y es que la estructura del programa tiene unos límites tan claros que el espacio para la innovación brilla por su ausencia.

Sin embargo, el capítulo de esta semana ambientado en el restaurante sevillano Katay ha tenido un especial interés, ya que ha demostrado que ciertos tópicos asociados a la nacionalidad de las personas pueden ser ciertos en algunos casos. En el episodio teníamos a un español sinvergüenza que faltaba a su palabra, un atractivo pero algo atontado italiano y un par de chinos que no se enteraban de prácticamente nada de lo que pasaba –grandioso el momento en el que Chicote “hablaba” sobre sus jefes con uno de ellos-.

Lo más habitual es que los dueños descalifiquen a Alberto Chicote cuando éste saca a relucir todos los problemas de su negocio, pero eso es algo que en este caso apenas tuvo trascendencia al haber ya casi una guerra abierta entre Baldo y Giovanni. Por una vez, la calidad de la comida, que tampoco era precisamente para echar cohetes, era un problema secundario comparado con la inexistencia de comunicación y la vagancia del caradura de Baldo.

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