Mujeres Desesperadas

Para mí, ‘Mujeres Desesperadas’ formó parte de esa nueva generación de series que, junto con ‘Lost’, abrieron un nuevo horizonte de disfrute con las series venideras. A pesar de sus seis años y de otras tantas temporadas, conserva a su reparto original, con unas audiencias más que aceptables en estos tiempos de fragmentación televisiva y un argumento que sigue manteniendo su seña de identidad desde el primer capítulo.

No obstante, cuál es mi sorpresa cuando compruebo que, precisamente este tono perfectamente reconocible e identificativo de la serie es lo que, para la crítica estadounidense, supone que las tramas sean demasiado repetitivas, con un argumento lento, aburrido y predecible. Efectivamente, el hecho de ser un “drama” serializado obliga a una evolución de la historia que trascienda los capítulos autoconclusivos, pero de ahí a afirmar que la serie se encuentra estancada en “más de lo mismo” creo que hay un gran trecho.

Si bien es cierto que todas las temporadas se plantean de la misma manera con un nuevo misterio, debemos aceptar que también se compone de giros argumentales con un trasfondo emotivo que va más allá de la simple convivencia en un barrio residencial de EEUU. Cabe destacar el giro completo que se produjo al final de la cuarta temporada, cuando se dio un salto de cinco años que llevó a la serie a reinventarse a sí misma, con roles completamente diferentes de todas las protagonistas e historias que poco o nada tenían que ver con el pasado y que permitió deshacerse de antiguas tramas ya desgastadas.

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Editores 7,2

Comunidad 7,8

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