'Parenthood', una temporada de ensueño para la nueva líder del drama familiar

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Parenthood spoilers

Dicen que la paciencia es amarga, pero sus frutos son dulces. Dos temporadas hemos tenido que esperar, y hasta el doble hubiera aguantado por ver estos magníficos 18 episodios que nos ha dado ‘Parenthood‘ en su tercer año. Porque la serie de la NBC ha sabido redimirse, ha podido sacar lo mejor de sí misma, y mientras la mayoría de ficciones suelen empezar el declive con el paso del tiempo, en este caso ha ocurrido totalmente al contrario. Tenían la premisa perfecta, un reparto efectivo y un equipo detrás capaz de hacer algo grande.

Sólo hacía falta un nexo que lo uniera todo, y lo hemos encontrado por fin en Jason Katims. Tras el fin de ‘Friday Night Lights’, su productor, guionista y showrunner pudo centrarse completamente en ‘Parenthood‘, y nos ha dejado en ella toda la esencia que nos enamoró allá en Dillon. Unos dramas realistas, decisiones difíciles, errores comunes, problemas que nos ocurren a todos y, por supuesto, un sentimiento de unión y familia que pocas veces hemos tenido en televisión. Los Braverman han conquistado el corazón de la audiencia; al menos, de la audiencia que le quedaba.

Sarah Braverman, entre el presente, pasado y futuro

Resulta curioso ver cómo un mismo tema tratado de diferente forma da lugar un resultado completamente opuesto. El drama de Sarah con Seth, sus hijos, su trabajo y su vida personal ha seguido en la tercera temporada, pero esta vez se ha notado que simplemente lo han dejado fluir. Nada de forzar situaciones, de colocar a los niños como personajes repelentes o de volvernos locos con los continuos cambios de opinión de Sarah. Nos pusieron un dilema entre su presente con Mark (Jason Ritter) y su pasado con Seth (John Corbett), dejando que la historia se escribiera sola.

Parenthood

Y ocurrió lo que le ocurriría a cualquier ser humano en su misma situación; la perspectiva de un futuro estable es atractiva, pero el pasado siempre tira, por muy difícil que haya podido llegar a ser. Todos derramamos una lágrima en esa escena final, cuando Sarah y Seth ven la misma película en la tele pero en lugares distintos, y todos tuvimos la misma duda: ¿Debía la mayor de los Braverman dar una oportunidad a su ex-marido?

Finalmente la situación se resolvió de otra forma, no tuvo que tomar ninguna decisión por intercesión de Amber, pero yo personalmente no habría recriminado que tomara la decisión contraria. Y probablemente, en términos argumentales, hubiera sido incluso más interesante que lo hiciera. No obstante, el hecho de centrarse completamente en Mark y en su futuro a largo plazo nos permitió disfrutar como enanos con ellos, poniéndonos una sonrisa tonta en la cara con cada tontería del chico (que tiene más tonterías que un mueble bar) y dejándonos disfrutar con cada pasito que daban.

El inevitable final de Julia, Joel y la adopción

El otro tema cardinal sobre el que ha girado esta temporada ha sido la adopción de Julia y Joel, una historia que pintaba mal desde el principio, y mal ha terminado. Tanta duda en Zoe y ese carácter esquivo e irritante no auguraba nada bueno, pero al igual que en el caso de Sara y Seth, estoy seguro de que muy pocos han podido culparla. Es una historia sin villanos, donde los hechos han fluido de una forma que perjudica a los protagonistas y por ello podemos sentirnos algo peor, pero el hecho de que Zoe decidiera quedarse el bebé es algo que en cierto modo ya esperábamos.

Resolvieron la trama de forma exquisita en el penúltimo capítulo, para mi gusto el segundo mejor de toda la serie tras el maravilloso 3×12, el “Road Trip” hasta la casa de la madre de Zeek (que curiosamente también es la madre de Brenda en ‘The Closer’). Ese penúltimo episodio fue incluso más intenso que el propio final de temporada, lleno de contrastes sentimentales. Desde el derrumbamiento de Julia en el hospital tras saber que no podía quedarse el bebé hasta la reconciliación de Crosby y Jasmine en apenas un par de escenas.

Ésa ha sido precisamente una de las armas de la tercera temporada de ‘Parenthood’, la de dejarnos con el corazón en un puño al final de cada capítulo. Hemos llorado como descosidos viendo las cosas que les pasaban a los Braverman, y en lugar de enfadarnos con ellos por los errores que cometían, como hacíamos anteriormente, ahora nos hemos hecho cómplices de ellos. Como digo, las historias han sido las mismas; ha sido el trato que le han dado lo que ha cambiado drásticamente a esta serie.

Un final demasiado cerrado. ¿Volverá el próximo año?

Crosby

Sólo tengo buenas palabras para esta serie ahora mismo, que nos ha dejado este año más momentazos que nunca incluso entre esos protagonistas que antes no podíamos soportar. Desde el “No matter what, I’m gonna love her so much. I already do“ de Kristina mientras lloraba pensando si su nuevo bebé tendría Asperger, hasta Adam agradeciendo a Crosby lo que había hecho por él gracias al Luncheonette, con su ya mítico: “Music didn’t save my life. You did“.

Parenthood review Como buena serie familiar, ha terminado (al menos provisionalmente) con boda, y dejándonos a todos los personajes perfectamente situados de cara a su futuro. Sirve perfectamente como cierre de la serie, quizá demasiado, pero también vemos resquicios de lo que podremos encontrar si finalmente NBC decide seguir adelante. ¿Un embarazo adolescente después de que Drew perdiera la virginidad? ¿Más problemas para Julia y Joel para hacerse con la custodia definitiva del pequeño? ¿Empeoramiento de los problemas de salud de Zeek? ¿Decidirá Amber avanzar en su relación Bob Little? NBC tiene la última palabra, y lo cierto es que hasta mayo sólo podemos especular. Es de los pocos dramas que le funciona a la cadena, dentro de sus posibilidades, y una cuarta temporada no le vendría mal de cara a la sindicación. Crucemos los dedos por que vuelva, y que lo haga con tanta salud como esta vez.

En ¡Vaya Tele! | ‘Parenthood’ recoge la esencia de ‘Friday Night Lights’

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