Hoy hace un año, DirecTV emitía el último episodio de ‘Friday Night Lights‘, una de esas series que nunca logran un éxito masivo pero que sí consiguen conjurar a su alrededor a un grupo de fans muy fiel, que sufrió durante cinco temporadas los vaivenes en su programación, en sus audiencias y en sus renovaciones, con aquel histórico acuerdo entre NBC y DirecTV que la salvó en la segunda temporada de una cancelación que parecía segura. Aquel acuerdo permitió que siguiéramos disfrutando de una serie como pocas veces se ha visto en la televisión estadounidense, una serie en lo que lo importante no es tanto lo que se cuenta sino cómo se cuenta.
Buscando más una presentación realista de sus personajes, una presentación que metiera al espectador en las escenas con ellos, ‘Friday Night Lights’ se rodaba cámara en mano, con varias cámaras a la vez, y con los intérpretes prácticamente improvisando sus diálogos y sus movimientos por los escenarios. Estos eran todos naturales, con las afueras de Austin, la capital del estado de Texas, haciendo del pueblo de Dillon, el lugar económica y socialmente deprimido cuya única alegría es su equipo de fútbol americano del instituto. Con la llegada del nuevo entrenador, Eric Taylor, y su familia empezaba la serie, y empezaba este viaje de cinco años que resulta muy difícil de explicar para quien nunca la haya visto.














