
No se puede decir que el final de la quinta temporada de ‘Bones’ fuera una sorpresa. Desde el capítulo 100, y la asunción de Booth y Brennan de sus sentimientos hacia el otro, ha habido varios detalles que apuntaban a que la serie se aproximaba a un cambio. El juicio del Sepulturero y cómo afecta emocionalmente a Brennan todavía apuntó más en esa dirección, con Temperance afirmando estar cansada de investigar asesinatos y de que éstos acaben poniendo en peligro a la gente que quiere. Aunque ella le dijera a Booth que no puede cambiar, porque no sabe cómo, sí lo ha hecho. La fachada de profesionalidad y eficacia fría ha dejado ver más de una vez lo que Brennan de verdad piensa y siente (a veces, es sólo una mirada, pero está ahí), y no es tan fuerte como parece para manejar todo lo que le ha pasado al final de la temporada.
La realidad es que, si bien al principio de esta quinta entrega todavía se dejaba sentir el final de la cuarta, con esa fantasía compartida entre Booth y Brennan, el tema no se afrontó de verdad hasta el capítulo 100, y entonces se optó por el truco más viejo en el manual de la tension sexual no resuelta, que es mantener separados a tus personajes todo lo que puedas. Esta decisión ha dejado fríos a bastantes fans, que afirman estar cansados de estar todavía así cinco temporadas más tarde, pero a mí me parece consecuente con el tipo de serie que es y con Brennan, cuyo retrato me parece sumamente interesante.







