
Que se cancele un programa, incluso antes de ser emitido, es algo que puede pasar en cualquier cadena privada pero ¿es lógico que pase en una cadena pública finanaciada con el dinero de todos? Tantas cancelaciones seguidas en Televisión Española y los bailes de la programación empiezan a resultar alarmantes y dan una imagen de improvisación y de desidia nada apropiadas para una cadena que aspira a ser un referente (porque aspiran a eso, ¿no?).
Esta vez le ha tocado al programa que iba a presentar Carlos Sobera y que se iba a llamar Díselo bailando, un reality de canción para anónimos nada apetecible a priori, al menos para mí, que la cadena ha pagado y del que hay cuatro programas grabados además de un piloto que no verán nunca la luz. Un derroche de recursos que se van a dormir el sueño de los justos y que la cadena anunciaba como el programa del siglo.









