
Esta es la historia de El porvenir es largo, un culebrón de sobremesa llamado a hacerse con el reinado de las tardes de La 1 que vio truncada su carrera. Una serie diaria que estaba llamada a ser el relevo de las producciones latinoamericanas pero que no pudo ni intentar hacerse con el hueco. Una producción más víctima de una crisis que no respeta a nadie. Y como en las mejores telenovelas, un salto de tiburón ha cambiado la historia, la serie pobre da el salto al prime time de los sábados como premio de consolación y, como menos da una piedra, se ha convertido en una pobre serie rica de la noche a la mañana. Veremos qué pasa cuando suenen las doce campanadas y Cenicienta tenga que salir del palacio.
Ya hace casi un año que Televisión Española empezó a promocionar su nueva serie de sobremesa con la etiqueta de realismo social, apelando al carácter coral de la producción y al tratamiento de las vidas de la gente corriente de barrio. Habrían estrenado la primavera pasada de no ser porque Victoria les pilló la delantera y se asentó en la franja de forma inapelable. Después de sesenta y seis episodios grabados la cadena paró la producción y aquí paz y después gloria. Meses después alguien ha tenido la idea de resucitar la serie y sospecho que en esto tiene mucho que ver el efecto Pelotas.






