
Cómo son las cosas. Acabo de enterarme de que David Carradine ha fallecido en Bangkok, donde estaba rodando una película, y la nostalgia me ha hecho pensar inmediatamente en su personaje del Pequeño Saltamontes en ‘Kung Fu’, una serie mítica que recordaréis los que, como yo, ya tengáis una edad. Un papel que le encasilló hasta límites insospechados y del que no pudo desprenderse a lo largo de su carrera. Tarantino le dio la opción de reconciliarse consigo mismo en ‘Kill Bill’, oportunidad que Carradine aprovechó haciendo una interpretación memorable, pero aún así son sólo dos hitos en una filmografía que según la IMDB cuenta con doscientos veintidós títulos.
Con su muerte ha llegado la leyenda, aunque para él ya sea demasiado tarde. Mientras que fuentes oficiales certifican que la muerte ha sido natural, ha empezado a correr como la pólvora la versión alternativa de que apareció ahorcado, avalando así la teoría tan recurrente del suicidio en casos como éste. Este tipo de truculencias siempre me hacen pensar en el interés de los herederos por seguir manteniendo vivo el recuerdo y la venta de DVD.




