Si aún había alguien que pensaba seriamente que en Eurovisión iba a entrar por la puerta grande el ínclito Rodolfo Chikilicuatre, ya no hay excusa para cambiar de opinión. El cantante-producto inventado por El Terrat se quedó en decimosexta posición en una gala aburrida en la que se pudo ver cómo hay dos maneras cada vez más opuestas de entender Eurovisión.
Ayer volvió a triunfar el tradicionalismo, con la canción de Rusia (en el vídeo) ocupando el primer puesto. Pero hay muchos que se toman el festival a pitorreo, para escarnio de sus organizadores, que en las declaraciones previas a la celebración del festival insistían en vender una imagen demasiado seria, como si hubiésemos vuelto 40 años atrás.
Pero hubo más rarezas aparte de la estudiada parodia de Rodolfo Chikilicuatre. Genial fue, por ejemplo, la canción de Bosnia-Herzegovina, con una puesta en escena aún más bizarra que la española (ellos tenían a una cantante tendiendo la ropa, a cuatro mujeres sentadas y vestidas de boda y a un cantante espídico). Casi nadie la entendió, pero fue de las mejores.









