Anatomía de Grey

La reposición de la corta primera tanda de capítulos de Anatomía de Grey en Cuatro, que finaliza la semana que viene con las dos últimas entregas, está siendo una oportunidad para redescubrir el drama de más éxito emitido por una cadena generalista tras C.S.I. y Mujeres desesperadas cuando la temporada culminó en Estados Unidos en mayo. A nivel de crítica y público, la trayectoria de Anatomía de Grey ha sido ascendente y también mi propio interés por el programa.

El primer capítulo de Anatomía de Grey no pasó de mediocre. El planteamiento era como si en el primer día de Urgencias nos hubieramos centrado únicamente en Carter y en sus compañeros novatos. En esta versión televisiva del género de la bildungsroman o novela de aprendizaje, los protagonistas eran unos pardillos, había una sonrojante narración en off y clichés gastados. Y, para colmo, estaba Meredith Grey (Ellen Pompeo), que a pesar de ser el personaje central fracasaba a la hora de lograr la más mínima simpatía por parte del espectador. Pero el atractivo reparto multiétnico y algunos personajes interesantes (como la cerebral Cristina, interpretada por Sandra Oh) daban pie a la esperanza.

A cada capítulo las historias de cada personaje se fueron haciendo más complejas. Cristina, que al principio criticó a Meredith por su romance con el Dr. Shepherd (Patrick Dempsey), ha acabado en una relación igualmente ilícita con Burke (Isaiah Washington). Por su furia competitiva los dos parecen hechos el uno para el otro, además de ser una refrescante pareja interracial. Meredith volvió con Shepherd y poco a poco todo el mundo ha descubierto su relación, especialmente el tierno George (T.R. Knight), enamorado en no tan secreto de ella.

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