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Cuando se anunció que BBC America iba a estrenar una serie sobre una chica que descubre que tiene varios clones suyos pululando por ahí, los cuatro trastornados que vemos todas las series de ciencia ficción que se estrenan sabíamos que la veríamos, que probablemente acabaríamos enganchados y que, casi con seguridad, acabaría entreteniéndonos mucho aunque no fuera, en realidad, en gran cosa. Sin embargo, lo que ha pasado con ‘Orphan Black’ ha sido bastante curioso porque, según ibas viendo más episodios, pensabas primero que era bastante entretenida sin muchas más pretensiones, luego llegabas a apreciar el buen trabajo de su protagonista, Tatiana Maslany, interpretando a hasta seis personajes diferentes, y cuando llegas al final de la temporada, la serie se ha convertido en una revelación porque no esperabas que fuera a resultar tan disfrutable.

Más o menos, eso es lo que ha pasado con la segunda serie de producción propia de BBC America, y también es, aproximadamente, la evolución que ha tenido su recepción crítica, que ha terminado hasta pidiendo una nominación al Emmy para Maslany. Sin dejar de ser un entretenimiento más bien de serie B y hasta un poco pulp, ‘Orphan Black’ se ha convertido en uno de los estrenos más destacados del año por su conciencia de sus pretensiones y sus posibilidades, su motivación por mantener su trama en movimiento, y por lanzar giros que estuvieran siempre justificados por dicha trama o por los personajes. Y por su actriz principal, por supuesto, que con esto de ser a la vez varios clones, está en el 99% de las escenas.

El club de los clones

La construcción de cada uno de los clones, por ejemplo, ha sido uno de los aspectos mejor conseguidos de ‘Orphan Black’. john fawcett y Graeme Manson, los creadores de la serie, se ha esforzado por presentar no variaciones del mismo personaje, sino varios personajes diferentes, con sus propias identidades y peculiaridades, desde la desconfianza hacia todo el mundo de Sarah y la locura completa y el fanatismo de Helena, al optimismo y el lado nerd de Cosima o el perfeccionismo externo de Alison, el ama de casa de los suburbios que ha sido, probablemente, el personaje revelación. El guión y la interpretación de Maslany, siempre muy convincente, las han creado como mujeres independientes, razón por la que la revelación final de que están patentadas, de que para Leekie y sus secuaces no son más que cosas, una inversión que deben proteger, logra un mayor impacto, aumentado al darnos cuenta de que, según esa lógica, la hija de Sarah no es una niña, sino una evolución de la tecnología utilizada para “fabricar” a su madre y, por tanto, propiedad privada también de los neolucionistas.

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Al entrar en ese terreno, muy de los replicantes y de cualquier otro robot humanoide con una inteligencia avanzada y una personalidad propia, la serie presenta las clásicas cuestiones éticas que despierta la clonación, pero no es un tema en el que sea demasiado obvia. Del mismo modo que se insinúa, pero no se da una “conferencia” sobre otro tema filosófico clásico (el de la naturaleza contra la sociedad), esas ideas muy de ciencia ficción pura y dura están siempre al fondo, permeando la historia pero sin convertirse en el tema principal. Éste sigue siendo la búsqueda de Sarah de su verdadera identidad, y su intento por cambiar de vida por su hija. La relación entre esa hermandad de los clones ha sido lo más interesante de esta primera temporada, y parece claro que se verá puesta a prueba en los nuevos capítulos por culpa de esa oferta de Leekie para proporcionarles seguridad en esos aspectos que ellas temen más.

Ritmo sin descanso

De todos modos, por lo que ha destacado la serie es por el ritmo con el que íbamos conociendo a la vez que Sarah toda esa conspiración. Sí, los clones no se nos presentan realmente como tales hasta el tercer episodio, o así, pero mientras tanto no hay espacio para el aburrimiento porque Sarah tiene que suplantar a Beth e intentar que no la pillen, tiene que descubrir quién está intentando matarlas y tiene que conseguir que su madre de acogida, esa señora S. sobre la que nos suscitan dudas al final, le permita ver a su hija. Gran parte de las cosas que pasan vienen motivadas por cosas que Sarah va haciendo, por lo que los giros de la trama nunca se ven forzados o salidos de la nada. Es cierto que los neolucionistas están siempre al borde del ridículo, de ser los malos de una novela ciberpunk barata, pero Leekie transmite suficiente sensación de amenaza y peligro como para no quedarse en la caricatura del científico con complejo de Dios.

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El último capítulo aprovecha todo lo presentado en los anteriores para dar un cierre a la historia de Helena (un personaje que tenía una fecha de caducidad muy clara), para complicar todavía más el mundo de las clones con esa falsa oferta de tranquilidad de Leekie, para presentar a esa nueva clon, Rachel Duncan, que trabaja para los malos y, sobre todo, para poner patas arriba el mundo de Sarah. ¿Realmente la señora S. es un agente de Leekie y ha secuestrado a Kira? ¿Estará del lado de Sarah, aunque no sea quien dice ser en realidad? ¿Y qué pasa con ese proyecto Leda que parece que lo inició todo en 1977? ¿Cómo conseguirán las clones pelear por su libertad? ¿Y ganará algo de interés la trama policial ahora que Art sabe que hay varias mujeres que son idénticas a Beth, aunque no sepa todavía lo que son?

orphan_review‘Orphan Black’ ha ofrecido un entretenimiento muy disfrutable, con un fondo filosófico muy interesante que, sin embargo, sólo está ahí, al fondo, porque lo que le interesa más es seguir las evoluciones de sus personajes principales, que son cada uno de los clones y, especialmente, Sarah. Se puede decir que ellas siguen ese viejo modelo de la persona normal que se ve envuelta de repente en una situación extraordinaria, con la salvedad de que la mera existencia de las clones ya es extraordinaria. Técnicamente, todas las escenas en las que ellas estaban juntas han funcionado a la perfección, y no se puede negar que Tatiana Maslany es la verdadera estrella de la función, la pieza sobre la que descansa todo el entramado, con Jordan Gavaris como Felix ofreciendo un contrapunto más ligero muy necesitado. ¿Podrán aguantar el tirón en la segunda temporada?

En ¡Vaya Tele! | BBC America concede segunda temporada a ‘Orphan Black’

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