'Don´t Trust the B---- in Apartment 23', descarada y seductora también en su segunda temporada

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Don´t Trust the B---- in Apartment 23

Una de las alegrías que nos brindó el final de la temporada pasada fue encontrarnos con ‘Don´t Trust the B—— in Apartment 23’, una ficción que llegaba a nuestras vidas tímidamente y que pese a los pocos episodios con los que contaba su primera temporada no le costaría erigirse como una de las mejores comedias que se han estrenado en los últimos meses. Quizá la peor noticia fue contar con tan solo siete episodios, pero el anuncio de una segunda temporada en septiembre nos presentaba una corta espera para seguir disfrutando de los alocados personajes que se reúnen en ‘Don´t Trust the B—— in Apartment 23‘.

Lo peor que le ocurre a la ficción en la actualidad es que su segunda temporada no está teniendo la acogida esperada, obteniendo unos pobres datos de audiencia que ponen en peligro su continuidad en ABC. En el caso más que probable que esto ocurriera, asistiríamos a una pérdida dolorosa, sobre todo porque la comedia ha vuelto manteniendo el nivel de su primera temporada y con ganas de dar mucha guerra en sus próximos capítulos.

Lo más atractivo de ‘Don´t Trust the B—— in Apartment 23’ es la figura de Chloe, el personaje al que hace referencia el título de la serie. En el inicio de la segunda temporada Chloe sigue siendo esa bruja envenenada que nos sedujo en la primera temporada, un personaje atractivo del que parte ese halo de gamberrismo que se expande por toda la comedia. Sus manipulaciones y su forma de enfrentarse a la rutina de su vida dejan una huella cómica muy disfrutable desde el primer minuto.

También consigue destacar el resto de su reparto regular y, sobre todo, la figura de James Van Der Beek interpretándose a sí mismo y otorgando a ‘Don´t Trust the B—— in Apartment 23’ de un nivel de autoparodia culpable de algunas de las muchas risas que provoca. A través de este personaje, por ejemplo, pudimos disfrutar de las apariciones de varias caras conocidas durante el primer capítulo de la segunda temporada (como Frankie Muniz, protagonista de ‘Malcom’ o Mark-Paul Gosselaar, el inolvidable Zack Morris de ‘Salvados por la campana’), actores que también se han interpretado a ellos mismos, entrando en el juego en el que James Van Der Beek lleva participando desde el inicio de la serie y regalándonos los mejores momentos que la serie nos ha ofrecido en su regreso.

Otro de los factores a favor de la ficción es su ritmo acelerado, que hace que en los escasos 21 minutos que dura cada episodio se entremezclen un buen número de situaciones disparatadas con flashes del pasado y diálogos delirantes. El resultado, un puzle seriéfilo lleno de frescura, agilidad y gamberrismo gracias a que cada una de sus piezas encajan a la perfección. Así, llegados a este punto, solo nos queda afirmar que si ‘Don´t Trust the B—— in Apartment 23’ se convirtió en uno de los mejores estrenos de la temporada pasada, su posible pérdida podría ser una de las más dolorosas de este curso.

En ¡Vaya tele! | ‘Don´t Trust the B—— in Apartment 23’, la zorra que me conquistó

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