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Hace unas semanas, estuve hablando del tiempo aplicado a la fragmentación de la narración en las series. Hoy voy a retomar el tema temporal en las series desde otros aspectos de su uso en la historia y el contenido de la ficción televisiva, sin entrar en temas de ciencia ficción y viajes en el tiempo.

Estos días estoy poniéndome al día con ‘Downton Abbey‘. En el artículo sobre la narración fragmentada ya hacía una referencia a este drama de época de BBC, relacionada con esos pasos de tiempo tan drásticos de su segundo año que provocaban una percepción extraña de la continuidad de las tramas; sobretodo la emocional.

En esta tercera temporada de’ Downton Abbey’ estoy experimentando una sensación extraña. Acostumbrada al rápido paso del tiempo y a las grandes elipsis de la serie, la brusca frenada en el avance temporal de las tramas me provoca cierta impresión de estancamiento, como si esperande a que finalmente arranquen las historias; y cuando me he querido dar cuenta, estoy a un capítulo del final de temporada.

Es una percepción muy personal que no se si habréis tenido otros seguidores de la serie, pero demuestra cómo el uso del paso del tiempo en una narración puede ser vital a la hora de establecer el ritmo y de atrapar al espectador en ella.

También he mencionado alguna vez ‘The Newsroom‘ como ejemplo de una administración fallida de los saltos temporales, principalmente por las relaciones entre los personajes, que parecían mantenerse estáticas y en continuidad con el episodio anterior a pesar del salto de 8 meses de turno.

Un año, un día, una hora

Una de mis primeras cancelaciones dolorosas fue la de ‘Reunión‘, un culebrón moderno al puro estilo de ‘Revenge’ que apenas pasó de la docena de episodios. En este drama de 2005 en cada episodio trascurría un año. En cuestiones de ritmo y de quemar trama, esta decisión narrativa era una gran ventaja ya que abundaban los puntos de giro, las sorpresas, las revelaciones y en cada episodio ocurrían trillones de cosas. Suena perfecto ¿verdad? De hecho, ahora mismo tenemos ejemplos de series quema-trama que funcionan bien en audiencia (‘The Vampire Diaries’, ‘Arrow‘) e incluso en recepción crítica (la fantástica segunda temporada de ‘Homeland’).

¿Qué pasaría con ‘Reunión’? Posiblemente el problema fuera el exceso. El espectador pudo sentirse abrumado por una evolución tan drástica y acelerada de personajes y situaciones. La saturación puede llevar al desinterés y también a la desconexión por la imposibilidad de seguir el ritmo de las historias de forma emocional. Me pregunto qué habría sucedido de haber sobrevivido. ¿Se habrían arriesgado a continuar con ese formato aunque la trama se hubiese agotado, algo lógico pensando en el planteamiento de la serie? ¿Habrían cambiado ese tratamiento temporal rompiendo todo formato característico? ¿Habrían construido una nueva historia con nuevos personajes pero el mismo formato? Nunca lo sabremos.

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Otra serie que ha sido esclava de su formato temporal es ‘The Killing’ (y su madre ‘Forbrydelsen’), thriller policíaco en el que los dramas y misterios avanzan a razón de un día por capítulo. Ésta forma de emplear el tiempo otorgaba un punto extra de realismo a la serie, donde la investigación iba paso a paso, y no tan frenética (y eficiente) como habitualmente vemos en los procedimentales, pero también ponía en evidencia los motivos por los que a veces las elipsis son muy necesarias.

Cuando una familia pierde a una hija, tarda mucho más de dos semanas en superarlo y sufre día a día, sobretodo cuando hay una investigación de por medio. En ‘The Killing’, esto funcionaba en los primeros episodios pero se volvía muy repentino a medida que avanzaban los días.

Además, la imposición del día a día en el formato obligaba a los guionistas a generar pistas y cliffhangers continuamente, favoreciendo así que recurriesen a aquellos señuelos que no llegaban a nada o incluso se anulaban por completo. Por cierto, hablo sólo de la versión americana; no he tenido el tiempo (ni el empuje) de ponerme con la danesa.

Años, días… seguro que a muchos se les vienea la cabeza ‘24’ y su manejo del tiempo real, pero os remito la entrada sobre la narración fragmentada (el enlace está al final), donde ya hablé de esta serie a ese respecto.

Cinco años más tarde…

Me dejo para el final esos saltos temporales que solemos ver con frecuencia en algunas series, generalmente impulsados por tratar de evitar un estancamiento en tramas y personajes. Podría poner muchos ejemplos (también os animo a que lo hagáis vosotros) pero mencionaré alguno que destaco en el uso de este recurso.

En ‘Battlestar Galáctica‘ (la moderna) hubo un salto temporal de un año al término de la segunda temporada. No quiero concretar nada del argumento pero este paso de tiempo fue una gran decisión en términos de evolución de la historia, que comenzó en la tercera temporada de lleno en una situación dramática nueva y muy interesante. Algo que completaba con flashbacks muy escogidos de lo sucedido durante ese salto.

Alias‘ siempre será recordada por dos cosas: Jennifer Garner escalando edificios con bombo y tacones y el inolvidable “Hong Kong, dos años después”. Además de uno de los cliffhangers más sorprendentes que he vivido en una serie, fue un gran salto temporal que puso patas arriba la vida de su protagonista y su relación con el resto de personajes tras esa elipsis. Acompañar a un personaje en algo así es muy atractivo y sugerente para el espectador.

Es habitual que en series dramáticas longevas recurran a esto para saltar alguna evolución de trama y personajes prescindible, comenzando directamente con una tensión dramática elevada (‘Brothers and Sisters’) o para plantear una nueva situación que ayude a explorar otros conflictos (‘Desperate Housewives’).

One Tree Hill’ intentó esto último en su quinta temporada, saltando cinco años al futuro y presentándonos a unos jóvenes de 22 años con preocupaciones y dramas dignos de cuarentones. Al menos tuvo algo positivo, dejaron atrás el Al-Salir-de-Clase-Effect e igualaron la edad de actores y personajes.

Hay saltos temporales que confunden, otros que no aportan demasiado argumentalmente y otros con potencial de cambiar hasta el formato de una serie (¿Oigo ‘Fringe’?). Algunos afectan a alguno de los personajes de una serie, dejando a otros como congelados en el tiempo y otros se introducen de forma tan natural que ni se perciben (saltarse el verano en las series de instituto, por ejemplo).

El salto temporal puede ser un recurso que, usado a tiempo (catapun-chsss) y bien aprovechado, puede colocar al espectador en una situación nueva y evitar ese temido estancamiento en el que caen con facilidad las ficciones televisivas. Bien utilizado, puede ser verdaderamente estimulante.


En ¡Vayatele! | El tiempo y la narración fragmentada

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