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Perdidos en la ciudad

La semana pasada Cuatro dio el pistoletazo de salida a la segunda edición de ‘Perdidos en la ciudad’, la evolución lógica de un formato como ‘Perdidos en la tribu’. Por segunda vez, la audiencia tiene la oportunidad de comprobar de primera mano cómo se sorprenden las tribus al observar nuestro modo de vida, una manera de que los concursantes de ‘Perdidos en la tribu’ le devuelvan a sus anfitriones la dispar hospitalidad que ellos recibieron fuera de nuestro país.

Perdidos en la ciudad‘, presentado con acierto por Raquel Sánchez Silva, vuelve a demostrar lo bien que le sientan a Cuatro los espacios de este tipo, que la cadena ha sabido cosechar con el paso de los años. De hecho, se trata de uno de esos programas que consiguen dar algo de personalidad a Cuatro, malgastada en las últimas temporadas por lo mal que le ha sentado a la cadena su fusión con Telecinco. Gracias al mantenimiento de programas como ‘Perdidos en la ciudad’, y a su acogedora audiencia, Cuatro demuestra que aún tiene material para sorprender a su público.

Un público que, en el caso de ‘Perdidos en la ciudad’, se acerca motivado por esa curiosidad que ofrece un espacio capaz de darnos una visión diferente sobre nuestra manera de vivir. Si ‘Perdidos en la tribu’ consigue poner el énfasis en las particularidades de las tribus que viven tan alejadas de nosotros, en ‘Perdidos en la ciudad’ precisamente somos nosotros el objetivo a analizar, algo que en ocasiones logra darnos esos momentos peculiares que son el verdadero tesoro del programa.

La segunda edición de ‘Perdidos en la ciudad’ sigue la tónica de lo ya visto en la primera temporada, poco más hay que mostrar o, mejor dicho, nada nuevo salvo las diferentes costumbres de las nuevas familias españolas convertidas ahora en anfitrionas. Llama la atención el estilo que un programa de Cuatro toma una vez más, dando motivos para que empecemos a pensar que el cuidado en la edición, los efectos y la música no son solo algo propio de un programa como ‘¿Quién quiere casarse con mi hijo?’, sino que se establece dentro de un estilo que ha encontrado la cadena para regocijo de sus espectadores.

Tampoco en esta etapa aparecen diferencias con los puntos más rechazables de ‘Perdidos en la tribu’, que también están presentes en ‘Perdidos en la ciudad’. Se trata de esa destreza para traducir los diálogos de los miembros de las tribus o la facilidad que a veces demuestran los integrantes del programa para comunicarse. Sin duda estos son los aspectos que generan más desconfianza y que se podrían evitar si se enfocara de forma distinta la mecánica del programa. Yo estoy encantado de observar el choque de culturas que me proponen, pero hay veces que el programa consigue que me quede pensando sobre si es real lo que presencio y me olvide de los hechos, algo que no beneficia a ninguno de los dos espacios.

En ¡Vaya tele! | ‘Perdidos en la tribu’ y su anunciada edición más dura

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