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'Anatomía de Grey', el ocaso de Cristina Yang

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Cuando pienso en ‘Anatomía de Grey‘, siempre me imagino a los personajes como súbditos ignorantes a las órdenes de su diosa enfadada, Shonda Rhimes, la creadora de la serie. En las seis temporadas y media que lleva emitiéndose en la cadena ABC, Shonda ha hecho con ellos lo que les ha dado la gana, y no precisamente cosas buenas. Choques de barcos que terminan con la protagonista al borde de la muerte, accidentes de coche que acaban con la vida de uno de ellos, dramáticas muertes de pacientes, alcoholismo, divorcios, enfermedades… hasta rematar la faena en el terrible “evento” al final de la sexta temporada.

Podríamos pensar que, al igual que en otras ocasiones, los personajes pasarían por encima de la situación sin más (¿os acordáis de lo rápido que superaron la muerte de O’Malley?), pero no, las situaciones límite que vivieron en el hospital han hecho mella, en unos más que en otros, y decisiones desesperadas han sido tomadas ante la imposibilidad de seguir llevando la vida que tenían antes. Tras una sexta temporada que olía a rancio por los cuatro costados, ‘Grey’s Anatomy‘ ha hecho propósito de enmienda, y lo que lleva emitido este año bien merece un repasito.

Siete temporadas, y poco o nada ha cambiado. Los personajes que conocimos en 2004 son ya la minoría en el elenco, pero antes o después se han ido añadiendo nuevas piezas al tablero que consideramos ya como personajes veteranos. Desde Callie Torres y Lexie Grey hasta otros más recientes como Jackson Avery o la recién descubierta April Kepner; esta última parecía un personaje odioso, sin chicha, con más vocación de secretaria que de médico, pero ella ha sido protagonista de una de las situaciones más divertidas de lo que llevamos de temporada, y está siendo un grato descubrimiento que espero que mantengan.

El humor, sí, yo me estoy riendo esta temporada más que nunca. Empezando por el cabreo monumental de April en la entrada de Urgencias intentando mantener vivos a los maniquíes bajo la lluvia y terminando por las incoherentes palabras de Miranda, borracha como una cuba, intentando explicar a la Dra. Altman qué tipo de hombre es el que merece la pena (uno que sepa arreglar las fístulas pancreáticas). Y, por supuesto, la propia Cristina convertida en camarera de bar en Joe’s como forma de tapar la mella que ha dejado el tiroteo en su mente.

Esta no es mi Cristina Yang“, es la frase que más ha sonado entre la comunidad durante lo que va de año, y es verdad. Cristina ha cambiado; su carácter frío y su amor por las cirugías se ha visto ensombrecido por un trauma que la ha llevado a una situación límite: abandonar el programa de residentes del Seatle Grace. ¿Volverá? Probablemente sí, pero… ¿en qué condiciones? Recordemos que hace unas temporadas le ocurrió lo mismo a Izzie Stevens tras la muerte de Denny Duquette, pero ya nunca volvió a ser la misma. Recuperarse de esto va a ser tarea dura, así que siéntense y disfruten.

Como ya digo, esta temporada me está pareciendo eternamente más entretenida que la anterior, siempre con excepción del final. Por fin les están pasando cosas a los protagonistas, como la separación de Arizona y Callie y el regreso de esta última a los brazos de McSteamy, que desde que Lexie le ignora ha vuelto a sus raíces de culo inquieto. Un nuevo amor suena para Bailey después de rechazar al anestesista, y la parejita feliz intenta buscar el primer churrumbel del matrimonio Shepherd-Grey (post-it mediante). Y mención especial al capítulo sexto, narrado en forma de falso documental para un ficticio programa de reportajes.

‘Anatomía de Grey’ es entretenimiento puro y duro, sin misterios ni personajes complicados a los que adorar; nunca ha pretendido ser otra cosa y no es esa su intención. Tal como es, está perfecta, con sus altibajos emocionales, sus torsos desnudos con mucha promoción de por medio (el torso de Jackson Avery fue noticia en muchos portales de televisión) y su dramedia llevada al extremo. Quien se pone a verla sabe lo que va a encontrar, y en su estilo es una serie que lo borda. Así que yo lo digo a boca llena: A mí me gusta ‘Anatomía de Grey’, y espero que sobreviva muchos años más.

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