'American Crime' cierra temporada dejando poso por su relevancia temática y la ejecución de sus ambiciones

'American Crime' cierra temporada dejando poso por su relevancia temática y la ejecución de sus ambiciones

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'American Crime' cierra temporada dejando poso por su relevancia temática y la ejecución de sus ambiciones

A pesar de estar viviendo un momento muy dulce para ser seguidor de series de ficción – se hace mucha y buena-, sigue habiendo bastante hueco para la sorpresa, la originalidad, la visión particular, la ambición narrativa y la autoría sin limitaciones. No quiero decir que las series tengan que ser originales para ser buenas o interesantes, ni mucho menos, pero en este panorama tan recargado de títulos resulta altamente refrescante y reconfortante encontrarse algo tan personal, ambicioso y trascendente como ‘American Crime’.

Era algo en lo que insistía mucho cuando hablaba aquí de lo que había sido la primera temporada –y que se ha mantenido en la segunda. Lo más estimulante de ‘American Crime’ es lo claro que tienen sus artífices lo que quieren contar y cómo quieren hacerlo, sobre todo por el punto de vista y el acercamiento que tienen a los temas que exponen, desde los más presentes hasta los más pasajeros. Que lo sigan hasta las últimas consecuencias tiene como resultado unos personajes y dramas complejos donde la percepción de cada uno entra en juego constantemente.

Ambigüedad y visiones múltiples

American Crime

La segunda temporada de ‘American Crime’ de nuevo nos deja sin saber la verdad sobre ninguna de las cuestiones que se plantean. No es lo importante. La intención de ‘American Crime’ es retratar cómo cada una de las partes vive y siente una realidad que es percibida a través de un filtro personal en el que influyen todo tipo de cuestiones, desde raciales, familiares y sociales hasta sentimentales o de carácter. Ya sabéis, eso de que existen tantas realidades como personas hay.

Es complicado y arriesgado entrar en una narración donde la ambigüedad está tan presente. Por eso ‘American Crime’ es tan admirable, porque hace un dibujo que se antoja fehaciente a todos esos puntos de vista, algunos muy contradictorios, y encuentra argumentos válidos y comprensibles para todos. Cualquiera puede entender que Eric se dejaba llevar por lo que su chateo le había dado a entender que Taylor buscaba; pero por otro lado no es difícil defender que Taylor llegado el momento tuviese miedo y Eric no le permitiese echarse atrás.

La gran sorpresa para mí de la temporada ha sido cómo la historia ha introducido el elemento del asesinato en el instituto, un tema tristemente recurrente en las noticias de Estados Unidos y obviamente delicado. John Ridley, el creador, podría haberse metido en un jardinazo si todo el relato hubiese caído en parecer una justificación para el arrebato de Taylor. Sin embargo, su sensibilidad se aplica también en la respuesta que da la serie a la pregunta de qué impulsa a un adolescente a llevar un arma al colegio y matar a un compañero.

En esta historia vemos bullying, vemos acoso sexual, también se ven involucradas las drogas o el rechazo social (por clase, raza u orientación sexual). Incluso deja caer el alcance fácil de las armas. Hay múltiples elementos, intereses y personajes en juego, todo influye en todo. Todos tienen su argumento. El personaje de Lili Taylor es la representación suprema de cómo a cualquier acto se le puede buscar una justificación o una excusa. En esta línea ha ido la trama del director Carter y la pelea en el instituto. De nuevo, violencia. Y tanto crimen como castigo se ven salpicados de las excusas, justificaciones y razones de unos y de otros.

Argumentos para todos

American Crime Season 2 Episode 6 40 3866

-Ser falsamente acusado de acoso, ser un atleta abiertamente gay, ser un modelo a seguir, ¿qué significa para ti?
-No quiero pensar en eso
-(…) ¿Crees que has hecho que sea más sencillo para otros atletas gays el salir del armario?
-No sé. Probablemente no, verán toda esta atención que recibo y querrán ocultarse aún más. Lo único de lo que quieren hablar todos es de que soy gay.

Últimamente se llevan mucho las series sobre justicieros (viyilantis vigilantes) pero aquí se aborda el tema de forma sutil a través de alguna secuencia desagradable con Eric pero, sobre todo, con el personaje de Richard Cabral, un hacker que utiliza su poder para desvelar secretos sobre instituciones que cree deleznables. Hasta que se le va de las manos, con la mejor de las intenciones [1]. Si algo queda claro en esta historia es que la justicia es complicada cuando la verdad no existe.

De nuevo volvemos a la ambigüedad. Se ve claramente en la forma de actuar y reaccionar del entrenador a medida que se desenvuelven los hechos, confuso ante sus propios principios, pero sobre todo se aprecia y sufre en Leslie Graham. Es un personaje estimulante que consigue presentarnos a una mujer admirable, resolutiva, fuerte y asertiva que maneja las situaciones con seguridad e inteligencia. Sin embargo, constantemente se ponen en duda sus intereses, su ética y su inclinación a la manipulación.

Es un juego con el que ha de lidiar constantemente el espectador, ocurre también con el personaje de Regina King, una mujer cuyo racismo y clasismo se desborda cuando su hijo es víctima de ciertas acusaciones, pero que con el tiempo empieza a ser consciente y verse afectada por las consecuencias de sus impulsos y decisiones. Terri LaCroix ha sido uno de los pocos personajes con evolución de la temporada, y es que otra característica que tiene ‘American Crime’ es que no hay grandes ni forzados cambios o aprendizajes en ninguna de las personas. Lo que precisamente consiguen los hechos que se relatan es catalizar la radicalización de algunas personas y sus creencias.

No voy a volver a insistir en el trabajo de narrativa visual de este título porque ya me explayé en mi artículo anterior, pero no puedo dejar de reforzar la idea de cómo la narración tan exquisita, sutil y cuidada de la historia y sus personajes se traslada también a su puesta en escena, al medido y cuidado tono de cada diálogo [2] y a un montaje que nunca tiene sitio para un plano o un personaje secundarios o irrelevantes para lo que se está exponiendo en cada momento.

En fin, una joya imprescindible que se disfruta al mismo tiempo que se sufre; que consigue que como espectadores pensemos sobre las cuestiones que nos presentan y nos planteemos los diferentes puntos de vista gracias a la perspectiva global única que ofrece. Una obra que deja poso tanto por su relevancia temática como por la ejecución de sus ambiciones. Ojalá ABC haga oídos sordos a los números y decida regalarnos una temporada más de ‘American Crime’.

[1] A propósito de Richard Cabral, no puedo recalcar lo suficiente lo increíble que está en la primera temporada de ‘American Crime’. Su personaje es una maravilla y él le da una personalidad y fuerza únicos. Otro motivo más para recomendar que veáis la primera si habéis empezado por esta segunda.
[2] No podemos obviar el rechazo que fácilmente podría provocar una serie tan sumamente dramática y trascendental como ésta; una serie que tiene clara la importancia y complejidad de los temas que trata y que consigue no caer en excesos ni desviarse en el tono.

En ¡Vaya Tele! | ‘American Crime’ se confirma como uno de los dramas más excepcionales y estimulantes en televisión

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