'Salvajes', la ley de la calle

'Salvajes', la ley de la calle
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Hace unos días os hablaba de la estupendaBlancanieves‘ (Pablo Berger, 2012), una producción pausada que nos ofrece algo muy diferente a lo que solemos ver en el cine, pero soy consciente de que eso se debe a que ese tipo de propuestas no goza de una gran popularidad en la actualidad, donde están mejor vistas películas como ‘Salvajes‘ (Savages, 2012), el nuevo trabajo tras las cámaras de Oliver Stone.

Y es que, dejando de lado que estén hechas de mejor o peor manera, las cintas violentas con un reparto repleto de rostros conocidos y con un cuidado sentido del entretenimiento siempre estarán más de moda que homenajes al cine mudo por mucho que ‘The Artist‘ (Michel Hazanavicius, 2011) arrasara en la pasada entrega de los Oscar. Sin embargo, Oliver Stone siempre ha sido un director que ha rehuido los convencionalismos del cine de Hollywood, algo que muchas veces le ha salido bien, pero en otras ocasiones nos ha ofrecido productos huecos disfrazados como una gran reflexión suya sobre el tema en cuestión, y en esta ocasión nos encontramos ante una película que mezcla tanto la cara como la cruz de su obra, aunque en cantidades muy diferentes.

Los excesos de Oliver Stone

En sus buenos tiempos, el cine de Oliver Stone estaba marcado por una (casi) perfecta sincronía entre los excesos, tanto propios del guión como de la puesta en escena, y un gran trabajo de dirección que ayudaba a agrandar el interés de propuestas que en otras manos podrían haber acabado con facilidad en lo maniqueo e insustancial. No tengo problema en incluso decir que llegó a rozar la maestría con ‘J.F.K.: Caso abierto’ (J.F.K., 1991), una de las mejores películas de los años 90 del siglo pasado. Sin embargo, hace años que había perdido la esperanza en que, más allá de entretenimientos tan aceptables como innecesarios tipo ‘Wall Street: El dinero nunca duerme’ (Wall Street 2: Money never sleeps, 2010), lograra remontar el bache en el que entró su cine tras la muy disfrutable ‘Un domingo cualquiera’ (Any given sunday, 1999), pero eso es algo que ha conseguido con ‘Salvajes’.

Imagen de Blake Lively y Benicio del Toro en

La primera gran virtud de la cinta que nos ocupa es que a uno se le pasa volando el tiempo, pues Stone consigue que nos interesemos lo suficiente por sus protagonistas como para que el simple efectismo del guión en el que también colabora acabe convirtiéndose en un elemento positivo. Y es que no estamos ante una producción que pretenda ofrecer una gran reflexión vital sobre el mundo de la droga, algo en lo que fracasa estrepitosamente cuando intenta subrayar en exceso el motivo del título de la película, sino ante un enérgico y lujoso pasatiempo en el que lo importante son los personajes y los continuos arrebatos de violencia, tanto física como verbal, de los protagonistas.

Es cierto que Stone se regodea en exceso en algunas situaciones que podrían incomodar a espectadores a los que les repele el exceso de violencia en cualquier producción audiovisual, pero éstas resultan necesarias tanto para la credibilidad de la historia como de los personajes. Si hay algo que no estoy dispuesto a perdonarle en ‘Salvajes’, eso es que traicione completamente la confianza del espectador a la hora de poner cierre a la historia, y eso llega un punto en el que la cinta parece alcanzar un clímax perfecto para todo lo que nos ha propuesto hasta ese momento. El problema es que Stone, eficiente orquestando la puesta en escena aunque lejos de sus mejores años, quizá heredándolo de la novela que adapta ‘Salvajes’, lo echa todo por tierra, consiguiendo de paso que al menos yo me replantease muy seriamente la credibilidad de la voz narradora, y es que este tipo de soluciones ni siquiera me gustan en propuestas cómicas, donde lo he visto en varias ocasiones, así que menos aún en una historia de corte dramático.

Los otros puntos fuertes de ‘Salvajes’

Imagen de Aaron Johnson, Taylor Kitsch y John Travolta en

No he tenido problema en alabar el trabajo de Stone, pero lo que realmente destaca en ‘Salvajes’ es su reparto, en el cual todos están a un gran nivel. Tenía mis dudas respecto al trío protagonista, pero Taylor Kitsch y Aaron Johnson son el contrapunto perfecto (directo y violento el primero, meditador y con talante el segundo) el uno del otro, mientras que Blake Lively transmite al mismo tiempo desaliñada fragilidad y la sensualidad necesaria para que uno crea que los dos primeros acepten compartir su lecho. Sin embargo, conviene destacar el trabajo del protagonista de ‘Kick Ass: Listo para machacar’ (Matthew Vaughn, 2010), ya que su personaje es el único que tiene una auténtica evolución a lo largo del relato, la cual Johnson logra transmitir con suma eficacia a través de sus reacciones gestuales ante las situaciones con las que va encontrándose.

Ya he comentado que en ‘Salvajes’ podemos ver a varias de caras conocidas, siendo quizá Benicio Del Toro el que mejor sabe jugar con la absoluta amoralidad de su personaje, consiguiendo resultar temible con su sola presencia (las caras que pone son impagables), aunque, cómo no, Stone no desaprovecha cualquier posibilidad que se le presente para que vaya cometiendo salvajadas de tanto en tanto. Sólo ha mostrar cierta sumisión cuando aparece en pantalla junto a Salma Hayek, bastante convincente como señora de la droga que en el fondo sería mucho más feliz llevando una vida normal junto a su hija. Por no alargar más de forma innecesaria el texto, solamente he de destacar también a John Travolta, quien vuelve al cine tras varios años de ausencia por la muerte de su hijo y se nota que se lo pasó en grande rodando ‘Salvajes’, algo que se contagia al espectador, ya que el interés sube varios puntos cada vez que aparece en pantalla.

Imagen de Salma Hayek en la película

En definitiva, ‘Salvajes’ es un gran entretenimiento que además cuenta con un gran trabajo de todo su reparto y un gran trabajo de Oliver Stone tras las cámaras, quien sabe cuando conviene estar más desatado con la violencia y ciertos tics habituales de su cine o cuando conviene pasar inadvertido y dejar que los actores y los diálogos sean los que tiren del carro. A cambio, su carga reflexiva es bastante de baratillo (uno de los grandes lastres del cine de Stone desde que abandonó el consumo de diversas drogas) y no pocos se van a sentir bastante estafados con cierta decisión que toma ‘Salvajes’ durante su desenlace. Con todo, no son suficientes pegas para evitar que estemos ante una buena película en la que el tiempo pasa volando.

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