'Los Comulgantes', el silencio de Dios

'Los Comulgantes', el silencio de Dios
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Ya os he comentado anteriormente que en Granada tenemos la suerte de contar con un cine club universitario donde proyectan, en pantalla grande y en versión original subtitulada (como debe ser), películas consideradas clásicos o de gran interés cultural (pero escaso nivel cinematográfico, como la obra de Antonioni). Desde hace una semana se ha iniciado un ciclo del prestigioso realizador sueco Ingmar Bergman, compuesto por diez títulos, entre los que no se encuentra, por cierto, su película más famosa, 'El Séptimo Sello'; lo cual me parece una buena idea, al ser una que ya ha visto cualquiera que esté mínimamente interesado en el director (y en el cine en general, pero bueno, quizá voy un poco lejos).

'Los Comulgantes' fue el primero de ellos. Dramatismo, desesperanza, drásticos contrastes, existencialismo, amor, muerte... son algunos de los ingredientes principales de una cinta exquisita, aparentemente tosca y quizá hasta simplona, pero realmente, bajo el cascarón, poseedora de un núcleo denso y fascinante. Evidentemente, si a Bergman le interesara el gran público, la película podría ir un poco más rápida y no resultar algo pesada en ciertos momentos, pero bueno, siempre se puede desconectar escogiendo otro título más ligero (o digerible) a continuación. Una sesión doble con Bergman y McTiernan, por ejemplo, puede resultar muy saludable.

Los Comulgantes

'Los Comulgantes' ('Nattvardsgästerna', 1962) nos narra unas horas de la vida de un pastor protestante que tras haber perdido a su amada esposa, años atrás, ha tenido que recomponer su vida. Esa pérdida le ha sumido en una depresión que le ha hecho dudar de su fe. Por otra parte, ha intentado llenar su vacío existencial con una feligresa, una mujer que se le ofrece sin condiciones, necesitada de alguien en su vida, de una misión. La visita de un hombre atormentado por el odio que parece inundar el mundo volverá a poner en duda la labor y las creencias del pastor en crisis.

Bergman toma parte de su experiencia para narrar una historia muy dura, seca y sin contemplaciones. El silencio de Dios que derrumba la vida del pastor es la base de una serie de situaciones donde los diferentes personajes se encuentran a sí mismos abandonados, solos en un mundo cruel que carece de dueño y de sentido. A pesar de esto, el ser humano se resiste a darse por vencido y encuentra todo tipo de actos y excusas formales para creer que todo tiene un fin, un significado. Merece ser destacada, en este sentido, la secuencia de la misa inicial, en la que los personajes se comportan de forma absurda, protagonizando un ritual vacío que no sirve absolutamente para nada, pero que es ejecutado con estricta corrección. En todo caso, para hundirse aún más en una existencia miserable. Igualmente, es fundamental subrayar cómo el personaje principal se encuentra convertido en un títere sin alma, incapaz de volver a sentir nada por otro ser humano, aunque se le arroje indefenso y destrozado, a sus brazos. Uno de los momentos cumbre de la película es cuando un personaje revela su teoría sobre los últimos y desesperados momentos de la vida de Cristo; atención a las palabras y a la expresión del pastor.

En el terreno interpretativo, todos están muy bien, pero brillan con especial intensidad Gunnar Björnstrand e Ingrid Thulin, el pastor y la mujer que se enamora de él. Los expresivos primeros planos que abundan en el film contribuyen, a mi parecer, a que nos sintamos muy cercanos a los sentimientos que se muestran en la pantalla. Björnstrand representa en su rostro todo lo que he señalado anteriormente sobre su personaje, necesitando muy poco para que sepamos exactamente qué pasa por su cabeza y cómo está sufriendo. Es fundamental el modo en el que Bergman sitúa al pastor en el escenario y cómo lo que le rodea (o lo que tiene entre manos) está directamente relacionado con lo que ocurre en su cabeza en ese momento. Thulin tiene un rol más fácil, a priori, más llamativo y de un desarrollo dramático que atrapa fácilmente al espectador, pero no por ello es menos meritoria su composición; su personaje, bondadoso y débil, se entrega por completo a amar al protagonista, considerando que ésa es su misión en es esta vida. La confrontación entre ambos, en el aula del colegio, es muy áspera y violenta, resultando incluso a ratos insoportable, por la humillación a la que somete el pastor a la mujer. Destacar también la magnífica presencia de Max von Sydow, que tiene un papel secundario pero de gran relevancia.

En resumen, 'Los Comulgantes' es una propuesta compleja que requiere de una especial atención; de ritmo lento, con una preciosa fotografía de Sven Nykvist, personajes atormentados, y diálogos afilados, cargados de significado, la película se alza majestuosa para reflejar la ansiedad y el sufrimiento del ser humano ante la falta de sentido de la vida. Nacemos y morimos. Y se acabó. Nos apagamos para siempre sin remedio. Y para colmo, Dios no ayuda, no da consejos; no existe. ¿O quizá es que no merece la pena tener fe? ¿Y fe en qué? Bergman no nos entretiene con este título, nos plantea cuestiones dolorosas de difícil respuesta. Por cierto, la película está editada en DVD.

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