'Alatriste': mucho ruido y pocas nueces

'Alatriste': mucho ruido y pocas nueces
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Mucha parafernalia y poca historia. Mucho actor famoso y poco personaje. Mucho bla bla y poca acción. Mucha promoción y poco que ofrecer.

La película ‘Alatriste’, escrita y dirigida por Agustín Díaz Yanes, hasta ahora ha sido la más cara del cine español. Se han recreado cientos de trajes y lugares de la época, se han rodado batallas, se han empelado miles de figurantes y actores de gran talla en papeles menores. Se ha hablado de la película desde hace muchos meses. ‘Alatriste’, además, está basada en las novelas de grandes ventas de Arturo Pérez-Reverte, lo que aún le crea mayores expectativas.

Pues todo eso ¿para qué? Para hacer un film que aburre, que nunca parece que llegue a arrancar, que no cuenta nada concreto, que no presenta buenos personajes… una película con un guión flojo, sin garra, un guión que trata de abarcar mucho y por eso aprieta poco. Con una realización, una ambientación y una dirección de fotografía, de Paco Femenía, dignas de una gran producción. Pero con una historia y unos actores que se han quedado por el camino. Y es una pena.

No quiero decir que una película con muchos diálogos sea mala sólo por ese motivo. Con lo de bla bla me refiero a mucho hablar para no decir nada, muchas consideraciones, expresiones rimbombantes y reflexiones, pero ningún diálogo que haga avanzar la trama, nada que nos lleve a ningún sitio o que retrate a los personajes. Aquí hay escenas que se hacen muy largas y pesadas ya en un primer visionado, y a las que se les podrían cortar bastantes segundos. Otras, sobran enteras. En un film en el que los espectadores se esperan acción, no se pueden ir enlazando, una tras otra, escenas de diálogos, hay que intercalarlas con otras más visuales y movidas. El colmo de esto llega cuando, después de tener que ver un fragmento bastante largo de una obra de teatro en la que actúa Ariadna Gil, en la secuencia siguiente, los personajes vuelven a hablar durante varios minutos. Ya que se trata de un momento sentimental, aprovecho para añadir que las historias de amor no producen la más mínima emoción ni transmiten ningún sentimiento.

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Parece mentira que un film basado en una serie de best-sellers pueda aburrir. Pero así es. No hay nada de aventura en ‘Alatriste’ y apenas hay acción. Sin embargo, esto no se debe a que estemos ante un magnífico retrato de personajes o ante un film que profundice en los conflictos psicológicos. No. Más bien funciona como un muestrario. Es tan grande la cantidad de personajes que se presenta que no hay tiempo para que ninguno de ellos tenga entidad. Aparecen un instante, dicen sus frases —unos actores mejor que otros, aunque eso lo trataremos más adelante—, pero casi nunca vemos qué les motiva o cómo sienten. Sólo en un momento en el que Elena Anaya tiene una duda, atisbamos algo de humanidad en la película. Pero ya me diréis el problema: tener que casarse con Eduardo Noriega. No lo veo yo un sacrificio tan grave. Además de que en general los personajes están muy poco desarrollados, nos encontramos con una gran misoginia, pues los dos únicos papeles femeninos que aparecen (el de Blanca Portillo es un papel masculino y de la sumisa esposa que cuida de Malatesta, interpretada por Pilar López de Ayala, no digo nada porque ella sí que es inexistente) son de mujeres rastreras, traidoras, provocadoras… Si hubiera dos así y otras mujeres de otra forma, se podría decir que es un retrato real de algún tipo de fémina, pero al ser las únicas que existen, parece que quien las ha dibujado piensa que todas las mujeres somos así.

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Para presentar al capitán Alatriste, Díaz Yanes sí que ha tenido tiempo y en realidad ha intentado dibujarlo bien. Ha intentado mostrarnos a un ser acabado y perdedor, a un antihéroe al que aún le quedan valores como la lealtad. A un caballero de la —y perdón por el juego de palabras— (Ala)triste figura. Pero no lo ha conseguido en absoluto. Si fuera un pobre hombre debido a que es más noble que nadie y a que antepone la lealtad a sus propios intereses, pues podría despertar algo de empatía. Pero lo que le lleva a tener siempre un mal destino es que toma decisiones erróneas por pura estupidez o por actuar sin pensar. Quizá la intención de Reverte y de Díaz Yanes era mostrar a un hombre al que ya todo le da igual y que se ha, digamos, rendido en la vida. Si ésa es su pretensión, entonces deberían plantearnos por qué. Por qué está acabado, por qué ya nada le importa. Es posible que en las novelas sí se haga ver todo esto, no lo sé porque no las he leído, pero en la película está claro que en ningún momento se nos muestra.

El guión no llega a tener fuerza e interés porque no se centra en nada concreto, sino que va sumando escenas y anécdotas sueltas que en sí mismas no suponen nada. Es cierto que el intento de resumir todos los libros de ‘Alatriste’ en un solo film era arduo, pero ahí está el problema. No creo que nadie le haya obligado a Díaz Yanes a incluirlo todo en un solo largometraje. Esta decisión, sea quien sea quien la ha tomado, es errónea. Habría sido preferible quedarse con una corta historia —una de las novelas, un capítulo, hasta unas líneas— y desarrollarla con su arco argumental y sus giros de guión para que los espectadores pudieran tener interés en seguir la película y quisieran saber qué ocurre a continuación. Y en cuanto a los personajes, también habría sido preferible presentar menos para que los que hubiera, pudieran estar definidos. En todo caso puede servir como película histórica, pero para eso se acerca muy poco a los hechos políticos del momento, sólo los toca de refilón, siempre desde el punto de vista del capitán.

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Esto demuestra que lo de que en España no se hagan buenas superproducciones no depende sólo de que no se quiera o no se pueda invertir dinero. Es que no se sabe hacer buen cine comercial. Con un guión como éste, no se puede ir a ningún sitio. Dicen que todo el éxito económico y la buena opinión general de ‘Piratas del Caribe I’ se debía únicamente a la presencia de Johnny Depp, pero aunqu este actor estuviera en ‘Alatriste’, la película no tendría ni más calidad ni más éxito. Hay que tener en cuenta que el hecho de que un personaje sea bueno, también depende del guión. Y si Jack Sparrow estaba bien retratado, era gracias a sus guionistas, sin quitar que Depp sea un gran intérprete. Con el mismo aparato de producción, el mismo equipo técnico y con una buena historia de partida, 'Alatriste' podría haber sido una gran película.

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Aún no se ha estrenado ‘Alatriste’ y ya estoy hablando de su éxito. Evidentemente, lo va a tener. Va a vender muchísimas entradas, aunque sea las primeras semanas, pero obviamente, gracias a esta enorme campaña de promoción que se le está haciendo en todos los medios de comunicación.

Continuando sobre el guión: no sólo resulta defectuoso porque no logra tomar una dirección en ningún momento. También tiene el problema de que parece que plantea cosas que luego no se resuelven, lo cual puede provocar una especie de desazón inconsciente en los espectadores. Por ejemplo, lo del oro y las riquezas que posee el rey gracias a que no paga la soldada y a que probablemente los campesinos y comerciantes están esquilmados, parecería un buen hilo de acción en el que la película se podría centrar. Pero el tema se abandona y nos quedamos sin saber más sobre ello. Tanta grandiosidad en cómo se ha rodado ‘Alatriste’ para luego presentarnos siempre cuestiones menores.

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Escenas de acción hay pocas y las que hay tampoco son tan espectaculares como cabría esperar. Están bien resueltas, pero no tienen grandiosos planos con grúa y con movimientos impresionantes. Además, las batallas que nos parecen geniales en otras películas lo son porque no consisten en una simple escena con acción, sino que tienen su preparación, nudo y desenlace, como la propia película, porque están construidas con momentos de dificultad, con clímax, con emoción que va más allá de lo vistoso. Los combates de espada están bien interpretados, probablemente porque se trajeron a Bob Anderson, el maestro de esgrima de ‘El señor de los anillos’, ‘El Zorro’ o ‘Piratas del Caribe’, entre otras grandes producciones.

La cuestión actoral tiene mucho que ver con cómo estén retratados los personajes en guión. Un buen papel siempre ayuda a un actor a hacer un buen trabajo. En el caso de Viggo Mortensen, hay que decir que lo ha hecho bastante bien para tener una base tan pobre. Sin embargo, esa forma de hablar, como de borracho constante, hace que no te lo puedas tomar completamente en serio. Sería preferible que se admitiera que tiene acento y que se inventara alguna excusa como que pasó tiempo fuera, que sus padres eran de otro sitio… cualquier cosa, antes de hacer pasar por habla normal la pronunciación de Mortensen.

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El problema llega cuando actores que sí que son españoles tampoco tienen una dicción o un tono mucho mejor. Eduardo Noriega, además de que no aparece más que para declamar, resulta desastroso. E insisto: él no tiene toda la culpa. Su personaje es nulo. Quien mejor resultado da en cuanto a este tema de la entonación es Blanca Portillo, que ya fue la mejor actriz en ‘Volver’, de Almodóvar. Javier Cámara también hace un buen Conde Duque de Olivares y Echanove resulta correcto como Quevedo. Eduard Fernández y Antonio Dechent están bien en sus papeles de compañeros del capitán, pero de nuevo, es que sólo tiene unas frases. Los demás resultan casi igual de penosos que Noriega. Por lo tanto, aunque haya buenos actores que lo hace bien y otros que han demostrado ser buenos actores en otras producciones, pero que aquí no están bien dirigidos; en general, la sensación que queda es de un trabajo actoral desacertado. Curioso el aspecto irreconocible del italiano Enrico Lo Verso (imagen siguiente).

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Díaz Yanes es un director con una extraña trayectoria. Dirigió su primera película ya con una edad avanzada, ‘Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto’. En mi opinión es una de las mejores películas del cine español, con un grandioso Federico Luppi y una Victoria Abril en su buena época. Tras un parón largo, Díaz Yanes trató de volver con la ambiciosa ‘Sin noticias de Dios’ e hizo una película fallida, de tono extraño, que no se llegaba a saber si era una comedia o algo serio. Ahora, con ‘Alatriste’ veremos qué le ocurre. El otro día apareció en la tele diciendo que lo mejor para recuperarse de una película grande era hacer inmediatamente después una pequeña. Pero con las treguas que se toma este director, me extrañaría que lo hiciera. Curiosamente, la labor que más ha desempeñado en su carrera es la que peor le sale aquí: la de guionista. No sé si el material de partida tendrá algo que ver, pero si se trata de buenas novelas y lo menos logrado es la adaptación, quiero creer que la presión de una producción tan grande y de tantas localizaciones y preparaciones, le han impedido centrarse y le han hecho perder la perspectiva y la objetividad.

En definitiva, si los autores han tratado de hacer una película de aventuras, han fallado. Si lo que han intentado es ofrecernos un film humano, de personajes, entonces se han quedado aún mucho más lejos de su objetivo. Eso sí: las expectativas hacen que la impresión de la película cambie mucho. Ahora que os esperáis menos, probablemente os gustará más que si hubierais leído una crítica positiva.

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