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Disculpad el retraso. En estos momentos me pilláis de vacaciones en mitad de la vorágine cinematográfica del Festival Internacional de cine de San Sebastián, cita anual a la que nunca falto y del que, por cierto, los compis de Blog de Cine, están haciendo seguimiento, si os interesa.

Ya que llevo varios días disfrutando de otra de mis grandes pasiones (el cine), ¿Qué mejor momento que proponer uno de los debates que más costras levantan en esto del entretenimiento audiovisual?

En los albores del negocio televisivo, la ficción surgió como una mera amortización, como una forma de sacar partido a decorados construidos y aprovechar agendas libres entre producciones cinematográficas. Ahora, varias décadas después, la pequeña pantalla es considerada por muchos como la mejor plataforma para desarrollar historias.

Los argumentos a los que se suele recurrir para defender uno u otro lado tienen que ver con varios aspectos: el formal, el social, el empresarial… A continuación voy a tratar de exponer los que habitualmente se utilizan para defender una u otra plataforma.

Cómo desarrolla la historia

El razonamiento de oro en lo que a la televisión respecta tiene que ver con lo formal y el contenido. La estructura seriada de los guiones televisivos permite a los personajes evolucionar y crecer de una forma que por tiempo le es imposible llevar a cabo al cine. Sin embargo, la limitación temporal de las películas ofrece la satisfacción de un cierre narrativo, de ser testigo de una historia que ofrece una evolución completa de forma compacta.

Este argumento se aplica de forma general ya que si rascamos la superficie veremos que los formatos autoconclusivos en televisión han proliferado exponencialmente en los últimos años. De hecho, la sitcom, con sus más y sus menos, siempre ha sido el formato estrella en Estados Unidos, formato que es autoconclusivo por definición.

Por otra parte, también muy relacionado con aspectos económicos, publicitarios y de estar cagaos, el cine también ve cómo las salas se ven cada vez más inundadas de secuelas, precuelas, trilogías, sagas y demás estrategias que buscan esa conexión más a largo plazo con el espectador. Eso sí, estoy haciendo trampa. Esto es impulsado por otros motivos ajenos al deseo irrefrenable de desarrollar más profundamente unos personajes…
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El factor social

Otro punto clave en esta lucha encarnizada es la geografía. El cine es una actividad colectiva que ofrece la experiencia única de la sala cinematográfica, de la gran pantalla y el sonido envolvente. Del evento social y la cautividad de la sala. Por otra parte, la televisión es un medio que se introduce en la intimidad de los hogares.

Aunque cada vez se trate menos de una actividad colectiva o familiar, esa esencia de cita semanal consigue que las series sean tema de conversación del día siguiente, algo que el cine ha ido perdiendo con los años y que cada vez está más limitado a eventos culturales sonados como el bombazo taquillero de turno o el nuevo estreno de un gran autor. Eso sí, mientras que el factor del día siguiente de la televisión es muy efímero, si algo genera buzz en el mundo del cine, puede durar días, meses o años.

Hablando de los autores, éste era otro de los argumentos a favor del mundo del cine, la capacidad de crear esas figuras culturales de referencia; la idea del cine de autor. La industria cinematográfica global sigue manteniendo esta capacidad de crear dichas figuras pero en los últimos años, con esta llamada época dorada de las series de televisión, cada vez están tomando más relevancia y reconocimiento general creadores, guionistas y demás mentes tras la pequeña pantalla.

Probablemente podríamos seguir dando argumentos a favor de ambas partes pero ahora quiero centrarme en romper una lanza a favor del cine. Hace una década, era la televisión la que necesitaba un abogado del diablo; que un gran nombre de Hollywood participase en una serie ponía en tela de jucio el estado de su carrera, por poner un ejemplo. Ahora no es tan así, sobretodo en el caso de guionistas, directores y mentes creativas en general. Las estrellas son un mundo aparte.

La televisión, y más en concreto el cable americano y los canales británicos, es ahora la aspiración de muchos guionistas y realizadores que hace años habrían bebido los vientos por el mundo del cine.

Habitualmente se cae en el argumento de que el cine se ha echado a perder; que sólo se producen blockbusters sin más ambición que el negocio y que no hay originalidad. Esa afirmación fácilmente podría hacerse con el mundo de la televisión, plagado de formatos de entretenimiento baratos y sin aspiraciones. Sí, hay cinebasura pero también hay telebasura.

La calidad hay que buscarla

Sin embargo, no es necesario irse a esos extremos ya que queda claro que la parrilla televisiva en general busca el éxito de lo mainstream al igual que lo hacen las salas de cine. La calidad hay que buscarla, el problema es que en el cine es más complicado.

Los festivales internacionales de cine ofrecen una ventana a la calidad, que nunca ha muerto, pero los circuitos y mecanismos comerciales tienen enterrado a lo más minoritario en favor de las macroproducciones que buscan audiencia masiva. Una suscripción al cable americano te da acceso inmediato a grandes series como ‘Homeland‘ o ‘Breaking Bad‘, pero grandes películas como ‘Shame’ o ‘We Need to Talk About Kevin’ pueden dar palmas con las orejas si llegan a estrenarse en 100 salas en todo Estados Unidos, por mantenernos en ese ámbito geográfico. No hablemos de España, donde sólo las grandes capitales ven en sus carteleras algún título independiente.

El cine y la televisión buscan hacer dinero y la gran audiencia ha dejado claro lo que quiere. Lo que más hace ruido es lo mainstream; ‘Transformers’ y ‘The Big Bang Theory‘. La ventaja que tiene la televisión de calidad ahora es que con el auge de internet y las redes sociales, la televisión de calidad está llegando a más rincones y el público exigente tiene una plataforma donde conseguir contenidos y reunirse a hablar de ellos.

También, las cadenas de cable cuentan con un dinero de base proporcionado por la suscripción de clientes, haciendo que las audiencias sean algo menos vital. Esto unido a que su poca pero fiel audiencia hace mucho ruido en internet es una ventaja vital en comparación con el cine independiente, que espera milagros para un mínimo éxito recaudatorio e intenta sobrevivir gracias a los círculos de premios y crítica.

Como es un debate que da para mucho, esta vez me he centrado más en el aspecto del negocio y he decidido exponer una serie de ideas algo inconexas con la intención de poner varios argumentos o puntos de ataque para comenzar el debate. En un futuro, quizá escriba un versus parte 2 centrándome más en las características propias de cada uno o de lo que a mí me dan

Pero, de momento y para vosotros: ¿Cine o Televisión?

En ¡VayaTele! | ‘La Historia del cine de Mark Cousins‘, exhaustivo repaso al séptimo arte

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