'Todo el mundo es bueno' menos la retahíla insoportable de frikis

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Todo el mundo es bueno

Uno puede llegar a comprender que, cuando llega el verano, las cadenas de televisión opten por contenidos ligeros y sin mayores aspiraciones. En la época estival se consume mucha menos televisión y es normal que los programas y series que se emitan sean directos y fácilmente consumibles. Por eso podía llegar a comprender el estreno a estas alturas de un programa como ‘Todo el mundo es bueno‘. Pero después de verlo creo que tengo un problema de comprensión. O quizás lo tiene Telecinco.

Todo el mundo es bueno‘ es un programa presentado por Pilar Rubio y Corbacho que mezcla la dinámica de ‘Tú si que vales’ con un programa de variedades y la gracia de la trampilla de ‘Ahora Caigo’. La dinámica del programa consiste en una serie de personas actuando en un escenario ante un público el cual tiene unos mandos con los que pueden indicar si la actuación les place o no. Si es afirmativo, no ocurre nada y el concursante pasa a una especie de final. Si no les gusta, el concursante acaba cayendo por una trampilla o similar. ¿Dónde está la gracia del programa? Pues en los frikis que actúan.

No suelo ser muy amigo de la palabra friki ya que creo que mete en un mismo saco a demasiados tipos de personas, pero lo cierto es que los que actuaron ayer en el programa de Telecinco se merecen ese calificativo y unos cuantos más. En este primer programa pudimos “disfrutar” de personajes tan variados como cantantes “tenor alto” que tenían más gallos en la voz que un corral, una monologuista que doblaba películas porno o actuaciones llamadas “La Caña de España” que respiraba nazismo por todos los costados (y no, no era por las banderas).

Un programa para, quizás, ver sólo en directo

Estoy seguro que el público presente se lo pasó pipa viendo las actuaciones esperpénticas fuera de toda lógica. Pero verlo en televisión es una experiencia totalmente diferente. Quizás con un grupo de amigos y un par de gintonics en el cuerpo el programa se vería diferente, pero lo cierto es que es tan rematadamente malo que cuesta verlo más de cinco minutos seguidos.

A esta falta absoluta de calidad se le unió unos presentadores extremadamente flojos. Corbacho y Pilar Rubio no hacen mala pareja. Él pone la soltura y la gracia en el escenario y ella la cara bonita y el cuerpazo. ¿Cual fue el problema? Pues el formato del programa y la falta de guión. La combinación de estos dos elementos conseguía que en muchas ocasiones los presentadores no supieran que decir o cómo reaccionar. Hay que reconocerles que con tales actuaciones decir algo coherente era complicado, pero quizás haber puesto a alguien con muchas más tablas hubiera sido una elección más acertada.

En definitiva, ‘Todo el mundo es bueno‘ es un programa muy prescindible. Sí, es un espacio ligero y sin pretenciones para el verano. Sí, te puede hacer reír mientras haces zapping pero no, no es recomendable su visionado durante más de tres minutos, por el bien de vuestra salud.

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