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Uno recoge entusiasmado la noticia de la preparación de unos nuevos galardones televisivos, aunque sean una representación fanática del mundo de la televisión, la música y el deporte. Además, parecía un acierto que esos premios fueran organizados y retransmitidos por Neox, uno de los canales de la TDT que se esfuerzan por conseguir una identidad propia que conecte directamente con el público joven al que va dirigido. En esta ocasión, los premios adquieren el nombre de la cadena, convertidos en una versión cañí de los Teen Choice Awards que se dan en Estados Unidos desde hace más de diez años.

En esa reconversión los premios pasaban a ser un enorme espacio publicitario que, por razones económicas evidentes, se tenían que amoldar a un presupuesto escaso que ponía en peligro el desarrollo de la gala. Habríamos aceptado ambas características si el resultado final hubiera sido una gala ingeniosa y con algo de chispa, unas cualidades que escasearon a lo largo de la noche y que fueron eclipsadas por el cúmulo de despropósitos que se vivieron durante la ceremonia.

Lo único que se le puede agradecer a Neox es el intento de ofrecer una gala entretenida que se salía de lo que estamos acostumbrados a ver en España, aunque fuera a costa de los amiguismos de turno del Grupo Antena 3. Pero la televisión nos ha enseñado que de intentos no se vive y, comprobando los errores que se cometieron en la gala de ayer, uno se queda con la sensación de que quizá habría sido mejor que tal evento no hubiera existido nunca. Durante el desarrollo de la noche pudimos ver estatuillas que se perdían y aparecían de repente, invitados desorientados por el escenario, una calidad de sonido que brillaba por su ausencia y unos silencios que se apoderaba de esos momentos en los que algo no salía como se esperaba.

La guinda del pastel llegó cuando se produjo eso que muchos dudábamos que terminara ocurriendo. Parecía que los cortes de publicidad estaban medianamente medidos, utilizando la técnica de la espera vacía mientras llegaban los anuncios desde Antena 3 laSexta marcando su pauta única. Pero, en mitad de la gala, un corte de cuatro minutos dejó a los presentes con la palabra en la boca, un hecho que demuestra el poco tacto con el que se decidió tratar el evento. Poco se puede esperar de una entrega de premios tratada de esa manera por su cadena, que debería pensarse muy seriamente qué hacer con su pauta única en el futuro, sobre todo por el bienestar de sus canales pequeños.

A cargo de la gala estuvieron Patricia Conde y Arturo Valls, dos presentadores que intentaron mantener el control de una noche que se iba de las manos a medida que transcurría el tiempo. Hasta Ernesto Sevilla parecía descafeinado durante su intervención en una ceremonia en la que solo funcionaban algunos de los vídeos (nada originales) con los que se presetaron varios premios. Mucho hay que mejorar y aprender para el año que viene, si es que dentro de doce meses hay predisposición para que los Neox Fan Awards tengan vida más allá de una primera edición. Aunque, pensándolo mejor, quizá el culpable sea yo, por acercarme a una entrega de premios e intentar mirar más allá del número de veces que se menciona el nombre de Mario Casas a lo largo de la noche.

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