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La verdad es que el asunto ya no me cabrea. Hace bastante tiempo que perdí la ilusión por la televisión en abierto. Me he cansado de ella, su misma fórmula de no ofrecer en su mayoría, casi nada nuevo, o al menos de mi interés y su negativa a cambiar en multitud de aspectos. Muy poco queda en la televisión en abierto que capte mi atención, quizás porque nos hemos metido en una máquina del tiempo y hemos retrocedido 21 años atrás. Volvemos al pasado, pero sin el carácter retro del pasado que precisamente lo hace particular.

Nuestra realidad es que vivimos en un mundo futuro, pero nuestra televisión, o al menos una buena parte de ella, sigue emperrada en no dejar de lado las fórmulas antiguas. En 1990 nuestro panorama de televisión nacional en abierto cambiaba. Sin contar los canales autonómicos, pasábamos de tener TVE 1 y La 2 a disponer de tres operadores más: Canal+, Telecinco y Antena 3. 15 años más tarde se decide volver a cambiar el sistema de televisión nacional en abierto, esta vez, al sistema digital terrestre.

La llegada de los chubascos catódicos

Año 2005. Uno de los grandes avances de la TDT era que permitía a determinados grupos de comunicación, participar con oferta televisiva en abierto. Una oportunidad que hasta entonces únicamente habían tenido los de Canal+, Telecinco y Antena 3 (excluimos a RTVE por su carácter público). Nos alegramos, puesto que quizás veríamos más competencia, nuevos contenidos, novedad en general. El cambio tenía buena pinta, cuando en ese mismo año 2005, se escindía de Canal+ un nuevo canal llamado Cuatro que francamente demostraba otra forma de hacer televisión. Meses más tarde llegaba otro operador, Gestora de Inversiones Audiovisuales La Sexta, que demostraba igualmente otra forma distinta de concebir la tv.

Cinco años más tarde, todo comienza a volverse cada vez más gris. Las inversiones de los nuevos canales habían sido gordas, y estábamos metidos de lleno en una recesión económica mundial. Todo esto sin contar las nuevas cadenas que nacieron y cerraron. Veo7 es un ejemplo. No obstante, laSexta anunciaba felizmente que lograba conseguir beneficios y resultados positivos; y que de hecho no les corría ninguna prisa fusionarse con nadie. Para Cuatro ya era muy tarde, surgían rumores de que se la quedaba quien menos esperábamos.

¿Una conspiración?

Sin embargo, hace unos días a laSexta le entraban los siete males y pregonaba que la fusión con Antena 3 era necesaria y urgente. Tan sólo un año después de entrar en sus números positivos. Álvaro nos analizó qué tenía que ofrecerle la cadena de las productoras a la cadena de Planeta desde el punto de vista del contenido, y veíamos que más allá de los derechos deportivos (y está por ver qué derechos deportivos permiten tocar), y alguna otra cosa no quedaba mucho más. Entonces, ¿qué está pasando?

Hemos cambiado todo el parque de receptores de televisión del país, para recibir una amplia y suculenta oferta de canales a nivel técnico y a nivel de contenido. O al menos eso nos vendieron. Nos hemos dejado una absoluta locura de dinero en cambiar todos los repetidores de televisión del país, así como en adaptar las antenas de un grandísimo número de edificios. ¿Obsolescencia programada? Realmente, no lo sé.

Desde mi punto de vista, estamos viviendo las consecuencias de una planificación absolutamente desastrosa, en la que el poder político y el Gobierno concedieron, en una primera fase, grandes beneficios a los grupos tradicionales (cuatro canales para cada grupo), y en una segunda fase, un truco legal llamado “fusiones” que permitiese a estos grandes grupos tradicionales, no perder jamás su poder mediático. En este sentido, desde los inicios de la planificación de la TDT hemos asistido a una concepción final oligopolista (¿encubierta?) bajo un mercado de supuesta libre competencia con fecha de caducidad y con otros pequeños nuevos agentes que entraban a jugar.

De esta manera hemos visto cómo desaparecían poderes, como el de Sogecable en TDT, pasando a ser absorbido por Telecinco y ahora asistiremos a la absorción de laSexta por parte de Antena 3 en forma de fusión próxima. A esto hay que añadir que Unidad Editorial, que ya tiene cerrado más de la mitad de su negocio digital terrestre, tiene los días contados, y el buitre leonado detrás de la caza de su múltiplex es Antena 3.

Un sistema como la TDT, con lo que ha supuesto su implantación técnica a nivel económico, ¿debe permitir legalmente las fusiones entre cadenas?

Bienvenidos a 1990, una nueva era nunca vista en televisión

Antes lo pensaba. Ahora lo confirmo. Si Antena 3 sigue los pasos de la fusión absorción Telecinco-Sogecable, la cadena de Planeta podría llegar a quedarse con el múltiplex (cuatro canales) propiedad de laSexta y con el de Unidad Editorial (otros cuatro), plantándole cara al Grupo Telecinco, hasta con 12 canales del mismo propietario, frente a los 8 que gestiona actualmente Mediaset España.

Obviando RTVE, sólo quedaría el mux de Net TV (actualmente viven de alquilar todas sus frecuencias), y tiene las horas contadas. El resto de cadenas vuelven a estar en manos de los mismos grupos de siempre; y lo que es peor, siguen gestionadas por las mismas filosofías de estos grupos. Es decir, FDF y La Siete reemitiendo contenidos de Telecinco, ahora también lo hacen con contenidos de Cuatro, y tenemos un estupendo panorama de los mismos contenidos en cuatro cadenas distintas, a distintas fechas y horas. Si no te gusta, es lo que hay. Son todos del mismo grupo. Y ésta será la fórmula triunfadora de la TDT.

Es por tanto, que la TDT ha servido a los operadores tradicionales para hacerse más grandes aún y dominar más el mercado del abierto, no desde la filosofía de la libre competencia, si no desde la filosofía de un tirano oligopolio en el que nadie se atreverá a entrar o acabará siendo devorado, como les ocurrió a Cuatro o La Sexta. Eliminando el punto de vista económico del asunto, esto ha sido posible gracias a la “ley de las fusiones“. ¿Debería debería haberse permitido esto en televisión o es simplemente un truco legal para que estos operadores engorden económicamente hablando?

La filosofía de los nuevos pequeños operadores que nacieron en 2005 está siendo poco a poco reducida a la de “si no puedes con tu enemigo, únete a él”. Las consecuencias para los espectadores no serán del todo buenas o atractivas, y las consecuencias para el mundo profesional han sido nefastas. Las hemos podido ver en la fusión Cuatro-Telecinco: despidos, EREs, nuevas directivas y los que han tenido más suerte, reubicados en otras empresas del grupo.

Hasta siempre, competencia televisva. Feliz año 1990.

En ¡Vaya Tele! | ¿Qué tiene laSexta que ofrecer a Antena 3 en una posible fusión?

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