
La sexta temporada de ‘House’ apuntaba a ser la del cambio. El médico la empezaba en un psiquiátrico, sometido a tratamiento para abandonar su adicción a la Vicodina y en terapia psicológica para intentar ser menos miserable y desarrollar una relación más saludable con las personas que le rodean. A pesar de algunos pasos atrás y algunas recaídas en su viejo modo de ser (y una todavía más creciente afición por emborracharse), House se ha comportado un poco menos como un capullo, aunque siga siendo borde, un poco infantil y esté dispuesto a lo que sea para demostrar que tiene razón.
Pero sí lo hemos visto intentar ayudar a sus colegas (como con Taub y sus problemas matrimoniales, que a mí me han resultado un lastre) y, en general, ha intentado ser una mejor persona. Y, sin embargo, Wilson lo echa de casa para poder estar más tiempo con Sam, su primera ex mujer, y Cuddy no sólo sigue con Lucas sino que, además, él le ha pedido que se casen. House se ha esforzado por portarse bien con ellos y ellos, a cambio, lo echan de su vida (o así lo entiende él), y lo que más le duele es lo de Cuddy, porque sus sentimientos por ella estaban de fondo en gran parte de las cosas que le han pasado esta temporada.








