La 84ª gala de los Oscar es ya historia, y no tardaremos mucho en olvidarla. No pasará a la historia, ni por ser una de las más entretenidas ni tampoco de las más emocionantes. Aprovechando la temática de las películas más destacables del pasado curso, la gala de este año tuvo un cariz nostálgico muy patente ya desde la decoración del escenario, simulando el estilo de los cines antiguos con su telón y la pantalla gigante al fondo. Eso sí, sin abandonar la sobriedad, la corrección y el aburrimiento que ya son costumbre.
Billy Crystal, por novena vez, se puso al frente de la gala como presentador tras el plantón de Eddie Murphy en noviembre, y aunque mejoró con creces lo ofrecido el año pasado por Anne Hathaway y James Franco (algo que tampoco era demasiado difícil), ni de lejos será su actuación más recordada en los Oscars. Carisma no le faltó, y desde luego se notan las tablas en una gala de este estilo, pero salvando el sketch inicial en el que se cuela en las películas del año, un recurso tan manido como efectivo, no tuvo mayor protagonismo en la noche.



Aburrida, sin interés para el público y con una audiencia cada vez más baja. ¿Os suenan estas críticas? No, esta vez no se refieren a la gala de los Goya, sino a la última 

Aprovechando la 


