
Ayer por primera vez en sábado me quedé en casa para ver una película, ‘En busca del arca perdida’. Y tiene mérito, no sólo porque raro es no tener una grabación digital de la misma, sino porque el mero hecho de empezar a verla por televisión, es de por sí bastante meritorio. Había echado mis cuentas, si empezaba a las 22:15, dos horas de duración y sus 20 minutos de anuncios y las 00:40 con opciones de poder ver otros programas. Falso.
Me pregunto por qué los canales envían a los medios la programación del día de la cadena, cuando con la misma hacen lo que les da la gana. Y estoy harto, por tener que estar pendiente desde las 22:15 y hacer zapping para comprobar cuando empezaba la película, porque me niego a tragarme los anuncios que me impone el canal por no cumplir con su obligación de emitir un programa a la hora que había establecido para ello. Estoy harto por tener que esperar media hora hasta que empieza la película. Estoy harto que con esta estrategia me tenga que perder, porque es imposible estar pendiente a todo, el inicio de la misma. Estoy harto de que nos tomen el pelo, y de que los órganos que deben velar por la defensa del televidente no hagan el trabajo que se supone deben hacer.





