
Año tras año escuchamos las mismas premisas respecto a la Gala de los Premios Goya. Que si la Gala será más divertida, más ágil, más televisiva…,. Y al día siguiente los mismo reproches: aburrida, sosa, pesada, larga…,. Parece que el hermanamiento entre cine y televisión no termina de fraguarse y que la retransmisión es más una obligación heredada que una necesidad de la industria cinematográfica.
Aunque pese a muchos, que la presentación corra a cargo de José Corbacho es una concesión a la televisión, quizá demasiado extrema para los que ven a él a un personaje sobreactuado, de la industria del cine, que no termina de dejarse llevar por la televisión en lo que a galas se refiere.
Entre los propósitos de este año, reluce la idea de “intentar dar ritmo televisivo al espectáculo”. Y yo me pregunto: ¿cómo que intentar? Ésa debería ser condición imprescindible. Para que a nadie se le olvide, los espectadores que verán la Gala son los mismos que luego van al cine a comprar las entradas. La Gala se hace para ellos, por mucho que quieran llamarla “la fiesta del cine”.

La gala de los premios Goya, que emitirá TVE el próximo domingo, no será en directo sino en falso directo. Esto quiere decir que, aunque la gala se grabará de un tirón, sin paradas, la señal se emitirá con un retardo de treinta minutos. De esta forma, se aprovecharán los intervalos publicitarios para suprimir los contenidos menos interesantes y tener un mayor control sobre lo que se emite.


