
Sobria, absurda, con sorpresas y, cómo no, con algún bostezo de por medio. Así podemos describir la gala de la vigésimo sexta edición de los premios Goya, que ayer retransmitió La 1. Como cada año se intentó sorprender y apaciguar las críticas de ediciones anteriores, aunque esto solo se consiguió en parte, ya que quedó demostrado, una vez más, que resulta una tarea imposible hacer de una gala de premios un evento entretenido y aplaudido por los espectadores. Creíamos que con Eva Hache la gala recuperaría la fuerza que sí se consiguió con la primera presentación que hizo Andreu Buenafuente hace dos años, pero esta vez la presentadora no estuvo tan ácida como esperábamos y como habitualmente aparece en ‘El club de la comedia’.
Con la excepción de varios comentarios críticos y acertados, Eva Hache no contó con el guión que esperábamos o, al menos, parte de su gracia perdió la fuerza al igual que la presentadora perdió el aliento tras el indiferente número musical que dio inicio a la gala. Algo mejor estuvieron los montajes que se hicieron para homenajear a las nominadas como mejor película, momentos en los que la presentadora se introducía en las películas como ya hiciera José Corbacho en el pasado y que al espectador le permitía descansar de la gala. A esto también ayudaron los vídeos conducidos por Cayetana Guillén Cuervo, que parodiaban lo que estábamos viendo y que al mismo tiempo dibujaban una sonrisa cuando más pesada se hacía la ceremonia.









