
Hoy se emite en La 2 el último programa de ‘Muchachada Nuí’ (la próxima semana emitirán un recopilatorio con lo mejor de la temporada). Sólo han sido cuatro temporadas en las que los Chanantes, que venían de disfrutar del éxito en Internet vía Paramount Comedy, han podido desarrollar sus conceptos más conocidos y explorar otros nuevos. El surrealismo elevado al cubo, los cameos más inesperados, los personajes más delirantes y la comunicación con la audiencia son las diferencias que marcan esta etapa de la anterior.
Han sido cuatro temporadas difíciles, con sus altibajos, pero es que pasar de un programa mensual a uno semanal es complicado. Como fan, les perdono las debilidades y celebro los aciertos. De todos los programas yo me quedaría con Robert Smith en ese episodio loco de la segunda temporada, el cuarto, titulado “Robert Smith en la villa de los rockeros muertos”. Enjuto Mojamuto merece una mención especial porque su recorrido ha ido más allá de lo que todos podían imaginar. Me troncho con los cortes de Virginia Woolf de esta última temporada. Y, porque no puedo ponerme a enumerar cosas hasta el infinito, quiero quedarme también con “Las aventuras del joven Rappel”.

Todo el mundo habla de Muchachada Nuí, el nuevo nombre con el que los chanantes han bautizado el espacio televisivo que podremos ver a partir de septiembre en La 2. De todo el debate generado hay varios puntos que no suelen discutirse y que llaman mi atención.
Ya falta poco para que en septiembre podamos disfrutar de los nuevos delirios de Joaquín Reyes, Ernesto Sevilla, Julián López, Carlos Areces y compañía, responsables todos de ese subproducto llamado 
Si ayer hablábamos del caso de Micky Nadal y su sobreexposición en La Sexta, hoy lo hacemos de otro caso similar pero distinto. Se trata de 


