
Si bien parece que con Fringe van a realizar un acercamiento diferente a traernos series de estreno a España, en cuanto al tiempo pasado respecto a su estreno americano y su estreno español, estamos ante la excepción que confirma la regla. Lo normal es que el televidente y seguidor de series extranjeras le enseñe al canal de turno el camino de Internet como la forma que tiene de consumir las ficciones demandadas. ¿Por qué? Porque lo normal es encontrar casos como el de Telecinco con Life o el de Cuatro con The Company, donde es imposible, para la salud del televidente, seguir estas interesantes series (más de dos horas con pausas publicitarias no hay quien lo aguante).
Tengo un amigo en televisión que me repite por activa y por pasiva que cuanto peor y más deleznable es lo que se emite, más audiencia tiene y más interesa a aquellos que tienen los audímetros en sus casas, que a la postre son quienes deciden qué se ve y qué no se ve en España por televisión. Me comenta que es complicado dar con una serie de ficción internacional que enganche con el público, y que muchas veces una apuesta por una de ellas supone echar por tierra el prime time de un día de la semana, y los ejecutivos no se andan por las ramas: menos share, menos ingresos publicitarios y quejas de la dirección. Si queremos televisión gratis, habrá que pagar el peaje, y me pone el ejemplo de los deportes en España, aquí sólo interesa el fútbol y tratado como espectáculo, me dice. La televisión no admite el romanticismo, concluye. Pero yo me niego a aceptarlo.





