
En los 90, Warner consiguió hacer un salto mortal sin red: crear una serie de dibujos sobre un superhéroe que se emitió en un canal infantil y que, pese a todo, consiguió el reconocimiento crítico por sus guiones, por su factura final y por sus ambiciones. Lidiar en terreno pantanoso y salir triunfante es quizás el mejor elogio para ‘Batman: la serie animada’, convertida desde el mismo momento de su estreno en el ejemplo de cómo llevar cómics a la pequeña pantalla.
‘Batman, la serie animada’ también cambió la manera en que la Warner trató a su departamento de animación. Hasta ese momento, los Looney Tunes y pocos más habían sido apoyados por la empresa: parecía imposible salir de las fronteras de Bugs Bunny, compañía y sus spin-offs. Fue Bruce Timm, responsable del look, quien hizo que la Warner arriesgase. Y fueron sus ideas, junto a las de guionistas como Paul Dini, Alan Burnett o Eric Randomski las que consiguieron el “milagro”.




