
A Matías Prats se le puede odiar o admirar, pero creo que no deja indiferente, lo que sin duda sería el peor castigo para un animal televisivo como él, que goza de su trabajo y que disfruta explicando a los demás las cosas que suceden en el Mundo a través de su personalísimo prisma y empleando una muy cuidada puesta en escena con que se empeña en diferenciarse de los demás.
Habiendo mamado el periodismo de las ubres de su padre (qué raro queda decirlo así), legendaria bestia de la comunicación, Matías Prats junior luchó durante muchos años para deshacerse de la coletilla “junior” y convertirse en todo un senior del periodismo audiovisual de España. Y no sólo lo ha conseguido, sino que, por su forma de trabajar en el medio y de comprender cómo funciona, Matías Prats es ya un consagrado animal televisivo.













