Hay mucho peligro en emprender una serie “de género” como ‘¿Hay alguien ahí?’, que ayer se estrenó en Cuatro. Las revoluciones en el cine de terror hace tiempo que pasaron y ahora, salvo algún autor con genio y garra que aparece de vez en cuando, el género se sostiene gracias más a los buenos artesanos que a las novedades. Se corre el peligro siempre de caer en el déjà vu sin alma y la nueva serie de Cuatro acusa y mucho estos problemas.
‘¿Hay alguien ahí?’ acumula un tópico tras otro, sin ser capaz en ningún momento de quitarse el estrecho corsé que se ha autoimpuesto: tenemos la típica casa encantada, los típicos fenómenos paranormales, los trucos mil veces vistos. Cuando a un mago ya le conocemos los trucos, ¿a qué dejan de resultar interesantes?
¿Hubiera sido posible que la serie de Cuatro consiguiese mejores resultados? Claro que sí. Como demuestra el cine de terror japonés más reciente, hasta las historias más viejas pueden reciclarse con éxito. Hace falta que quienes las crean hagan una apuesta decidida por la ambientación. Al fin y al cabo, el terror es sugestión. De hecho, por poner otro ejemplo, si funcionaron películas como ‘Rec’ fue gracias a su poder audiovisual. El mismo truco del mismo mago, pero escenificado de otra manera.
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