Tierra de Lobos

Tierra de lobos’ cerró ayer su segunda temporada con un capítulo que trató de cumplir una doble misión. La primera, la de cualquier serie: cerrar la temporada en alto, plantear nuevos enigmas, generar expectativas de cara a la tercera temporada. La segunda, ir mentalizando a la audiencia de que sus protagonistas masculinos dejan la serie. O lo que viene a ser complementario, que han de entrar con cierta prestancia nuevos personajes para lanzar tramas hacia donde la lógica del relato tal vez no nos llevaría.

La serie se está acostumbrando a lidiar con trances difíciles. Se despidió como líder del prime time con un 17%, pero durante toda la temporada ha hecho una media más que honrosa con un 15,4 de share, enfrentándose a una de las novedades más fuertes de la temporada: ‘Tu cara me suena’. Es de los pocos dramedias que hoy por hoy le funcionan a Telecinco y eso que la cadena no se priva de adjudicarle el peculiar trato que da a todas sus series: programarla detrás de debates de ‘Acorralados’ o de ‘Vuélveme loca‘.

Cuando ‘Tierra de lobos’ comenzó, todo el mundo estuvo de acuerdo en que la apuesta era arriesgada: una serie de época, española pero no, porque es un western y en la península no se vivió el lejano oeste. La serie superó las barreras iniciales y todo parecía indicar que, una vez que el espectador hubiera entrado en el juego, en la segunda temporada podría tenerlo más sencillo, pero no ha sido así.

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