Damages

‘Damages’ tuvo en su primera temporada muchas virtudes: la principal, sin duda, fue su narrativa fragmentada, que añadía sal a su no tan original thriller de abogados. Aquella forma de contar la historia, tramposa como la que más con el espectador, era muy del tipo “o lo tomas o lo dejas” (si no te gusta que te engañen, éste no es tu juego). Pero también dependía en exceso de la capacidad de sorpresa.

Por decirlo gráficamente: ¿Cómo os sentirías si fueséis ayudante de un mago y tuvierais que ver día tras día el truco con el que asombra a medio mundo? ¿Os gustaría siempre tanto como al público o llegaría un momento en que os aburriese? Pues algo parecido es con lo que tenía que lidiar ‘Damages’ en su segunda temporada: ya sabíamos que nada en ella ni en lo que nos cuenta es lo que parece. ¿Mantendría la chispa?

Mi opinión, después de ver los 13 nuevos episodios de Patty Hewes y compañía, es que no. Ojo, no digo que ‘Damages’ se haya convertido en una mala serie: al contrario, sigue teniendo pulso narrativo e intriga, además de haber ganado en unos personajes mucho menos planos. El problema es que la historia ya no conquista tanto: estamos tan avisados de que las vueltas de tuerca van a ser continuas que el juego por intentar verlas venir puede arruinar la experiencia como espectadores.

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