Blackadder

Antes de ‘Mr. Bean’, personaje por el que es más conocido fuera del Reino Unido, Rowan Atkinson dio vida a Edmund Blackadder, todo un icono de la comedia británica de los 80 y los 90 y, en realidad, de toda su historia televisiva. Junto a Richard Curtis, Atkinson creó ‘Blackadder’, o ‘La víbora negra’, como se emitió en España (en Cataluña era ‘L’escurçó negre’, creo recordar), una comedia que repasaba cinco siglos de historia de Inglaterra un poco alternativa, pues su punto de partida era que Ricardo III había ganado la Guerra de las Dos Rosas pero, después, había sido asesinado accidentalmente y lo había sucedido en el trono Ricardo IV (un rey ficticio, pues en realidad desapareció siendo aún príncipe).

Empezando en 1485 (el año del final de la guerra), la serie seguía a Edmund Blackadder, hijo de Ricardo IV, y sus descendientes hasta la Primera Guerra Mundial. Todos tenían siempre un criado que los acompañaba en todas sus extrañas empresas y planes, todos pertenecientes a la familia Baldrick, y los dos iban evolucionando con el correr de los capítulos. El primer Blackadder en realidad se apellida Plantagenet, pero lo apodan la víbora negra por todos sus planes para intentar ganarse el favor de su padre y poder derrocarlo, planes que siempre se estropean porque, en realidad, es un incompetente total.

Las cuatro épocas Originalmente, Atkinson y Curtis desarrollaron la serie como una especie de intento de apartarse de ‘Fawlty Towers’, que a principios de los 80 era la comedia de más éxito en el Reino Unido, y así optaron por el enfoque histórico y el tratamiento de los temas con los que el país lidió a lo largo de la Edad Media y ven los siglos posteriores, desde epidemias a guerras con España y Francia a la sucesión a la corona. Con el transcurso de las temporadas, Blackadder deja de ser tan idiota y va convirtiéndose en más cínico, además de que sus aspiraciones van siendo cada vez menos ambiciosas. En la última, de hecho, sólo quiere sobrevivir a la Primera Guerra Mundial. Lo que se mantiene igual es la estupidez a su alrededor, fuente de la gran mayoría de los chistes.

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