Hace una semana decíamos adiós al segundo año de las dos chicas sin blanca, esa comedia que convierte los adjetivos soez y vulgar en su mayor virtud. Racismo, sexismo, clasismo y escatología, nada se escapa a las lenguas de Caroline y Max (esto de las lenguas daba para chiste guarro made in Oleg) pero poco a poco se le han ido agotando el número de chistes que pueden hacerse con la palabra come.
Cuando arrancó la segunda temporada hubo una sucesión de episodios con la que reafirmé mi fanatismo por la serie. Sin embargo, tras el último tramo de emisión dudo si realmente eran todos esos meses de parón los que dejaron respirar a unos gags que acaban siendo siempre los mismos y son dichos por los mismos personajes. Punchlines para todosOtro de los problemas de esta segunda temporada, y que ha contribuido con la sensación general de reiteración, es que ahora cualquier miembro del reparto tiene réplica. Cualquiera de los personajes es ahora susceptible de soltar una burrada que antes sólo habría dicho Oleg, el cocinero, agotando aún más el número de gracietas similares que caben episodio tras episodio. Ya lo sabemos Ya sabemos que Han es bajito, que Earl es un viejo chocho, que Oleg es un cerdo, que Caroline es una remilgada, que Max es tetona y que a Sophie le pierden los cupcakes. Ya lo sabemos, ya nos hemos reído cinco, diez, quince, cien veces. La ciento uno deja de hacer gracia, y ese ha sido el gran problema de la segunda temporada. No es que no renueve sus gags, es que no renueva en la forma de hacerlos.
Caroline y Max siguen disfrutando de una de las químicas mejor conseguidas de la televisión actual, sin embargo, otro ya lo sabemos de la temporada es el referido al gran sueño de las magdalenas con gorrito. Uno de los tramos mejor conseguidos y más divertidos de este segundo año ha sido todo lo relacionado con la apertura de la tienda, pero una vez fracasado de nuevo hemos vuelto a lo mismo. Caroline con su sueño y Max reticente, hasta el punto que el season finale ha sido un completo dèjá vu de enfados previos entre ambas, por la misma razón que siempre y con la misma resolución que siempre. Lo sé, las sitcoms son así, pero ‘2 Broke Girls’ se está agotando a sí misma demasiado deprisa. También ha influído mucho en la caída del segundo tramo la desaparición del novio de Caroline, que supuso aire fresco en esa dinámica, una tercera mirada a ese mundo loco que funcionaba.
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