Supernatural

Cuando una serie que sigues religiosamente llega a su cuarta temporada, siempre tienes ese miedo de que la serie pegue un bajón de calidad, aún cuando no te ha dado razones para ello en ningún momento. Ese miedo lo tuve con ‘Supernatural‘, que pese a que temporada tras temporada nos sorprendía para mejor, temía que la historia dejara de ser interesante o que los guionista se fueran, como se dice normalmente, por los cerros de Úbeda.

Gracias a los dioses de Kobolo esto no fue así, y puedo decir sin temor a equivocarme que ‘Supernatural’ mejora temporada tras temporada. Y eso que lo tenían difícil, ya que después del final de la tercera temporada donde veíamos a Dean condenado en el infierno y a Sam cada vez más demoníaco, no sabíamos por donde iba a seguir la historia y que no nos pareciera que se habían sacado algo de la manga.

Y aunque al final se sacaron los ángeles de la manga, lo hicieron de una manera tan magistral que encajó perfectamente en todo el arco argumental en el que está la serie desde la tercera temporada. Y es que aunque algunos no se hubieran dado cuenta hasta hace poco, ‘Supernatural’ dejó de ser una serie procedimental con tintes sobrenaturales a ser una serie dramática con una historia de los pies a la cabeza. Y pese a que en esta temporada tuvimos un par de “monster of the week” (monstruo de la semana), la historia evolucionó constante y subiendo de calidad en interés a medida que pasaban los capítulos.

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