Aunque la suya ha sido la crónica de una muerte anunciada, ‘Terminator: Las crónicas de Sarah Connor’ se ha sumado esta primavera al nutrido club de las series inconclusas. Pese a que los fans iniciaron una campaña para buscar la renovación, la FOX decidió cortar por lo sano: las bajas cifras de audiencia y los altos costes de producción acabaron por darle la puntilla a una serie que prometía mucho más de lo que ofreció.
He dicho “altos costes de producción”, pero lo que realmente encarecía el producto era el coste de los derechos de Terminator. La FOX tenía que pagar no sólo por producir la serie, sino también por poder utilizar los personajes de la saga creada por James Cameron. Al final, un producto así hubiese necesitado unas cifras de audiencia (y de potencial publicitario) demasiado altas para la ciencia ficción televisiva.
Creo que casi todo el mundo con el que he hablado de la serie (o del que he leído reseñas) concluye en que ‘Las Crónicas de Sarah Connor’ pudo haber dado mucho más de sí. La idea era recoger a Sarah y John Connor justo después de los acontecimientos de ‘Terminator 2’ y, en su piloto, los personajes daban un pequeño salto al futuro para plantarse en 2007 e iniciar una ofensiva contra Skynet (el cerebro artificial que causaría el llamado ‘Día del juicio final’).
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